- Vente, Chumoski, vente. Que vamos a un sitio nuevo que nos han dicho.
- Mira, nen, que yo no tengo muchas ganas hoy y además estoy un poco de bajón.
- Tonterías, tú te vienes con nosotros, que esta noche verás lo bien que lo vamos a pasar.
- ¿Dónde vais?.
- A Barcelona. A un sitio de lujo. Hoy mojamos el churrico, fijo. Vente y no seas tonto. Déjate de paranoias, hazme el favor.
- ¿Puedo ir con las Nike nuevas?
- No, no, no..., de eso nada, Chumoski. Tú te arreglas como tú sabes y te lavas bien tus bajos por si las moscas. Además van a venir el Davilín, el Jose Luís y el Albertico. Verás tú qué fiestón se monta, nen.
- Eso lo hago todos los días, Tirilla.
- ¿Pegarte un fiestón?
- No. Lavarme los bajos, que pareces tonto. Sabes que siempre tienen que estar en perfecto estado de revista. Estás empanao, nen.
- Putamadre, tío. Luego te pico.
Subió el Tirilla a mi casa justo cuando me estaba aplicando el after-shave. Ya estaba vestido. Con mis Levi's nuevos de trinca, mis topolinos relucientes, mi camiseta de esas ajustadas, negras, pegaíta al pecho. Con mi gomina con brillo efecto mojado, mi jabón Lagarto en los sobacos y en los huevos, todo rematado con medio frasco de Is San Lorán (que se la compré a un moro a mitad de precio) por encima. En definitiva: hecho un pincel. Un pincel un poco tirando a belleza despistada, vale, pero a ver, tampoco para tirarse de los pelos. Y si no mira el tío callo ese que está casado con la Beluchi. Por ahí van los tiros. Pero sin Beluchi, claro (y al paso que voy, y con la suerte que tengo...).
- Tirilla, a ver qué estás haciendo, que no te escucho!!!.
- Ná malo, Chumoski, ná malo, hombre.
Cuando entro en el comedor me lo encuentro sentadico en el sofá con las piernas estiradas, la botella de Cardhú al lado y fumándose el tío un tres papeles como un demonio mientras miraba a la Bárbara Rey en el "Dónde estás Corazón".
- Date cuenta lo buena que está la Bárbara esta, eh, Chumoski. Con la edad que tiene la mujer y hay que ver lo bien conservada que se la ve.
- ¿Estamos a gustito, no?.
- Chumoski, nen, esta noche va a ser la repolla. In-olvidable, te lo digo.
- Me voy a cagar en tus muelas, haz el favor de quitar los pieses de la mesita, anda. Y ya puestos, pásame eso que como te lo fumes tú solo ya sé yo lo que va a pasar. Que tienes menos conocimiento que....
Le pegué una calada y se me encogieron los pulmones. Solté dos lagrimones.
- La madre que te parió, Tirilla. ¿Se puede saber qué coño le has echao a esto?.
- Joder, Chumoski, quién te ha visto y quién te ve.
Será hijoputa...
Nos metemos en el Forfi bien calenticos los dos. Que pim, que pam, que me vengo que me voy, qué contentos estamos y qué bien nos lo pasamos. Ya sabeis. Con tres whiskis dobles antes de salir de casa entre pecho y espalda y el megaporro aún en plena erupción. Con un puntico en condiciones, así lo digo, que soy persona sincera y no me duelen prendas en contar las cosas como son. Ponemos la musiqueta y nos vamos para Barcelona. Antes de llegar, en el Nudo de la Trinidad, en la Ronda de Dalt, vemos un control de de las fuerzas de seguridad del estado. Ya la hemos liado. Frené el coche, claro.
- Coño, Tirilla, abre la ventanilla que salga esta humareda, por Dios. La madre que te parió. Tíralo, cojones.
- Sí, hombre, y un mojón. Que esto es caro, eh.
- Me cago en... Baja la música, coño.
- Hola, buenas noches, señores. ¿A dónde van ustedes? - me dice el de las fuerzas del orden. Dos metros de fuerza del orden, ojo. Y con una boina. Sin rabillo.
Yo estuve a punto (pero a punto, a punto, a punto, eh) de contestarle como al Miliki, al Fofito y al Milikito, sabes. Aquello de: "Bieeeeeeeeeeeeeeeeeennnnnnn!!!!!". Pero gracias a la Vírgen del Carmen, no sé cómo, me puse muy serio. Es tontería buscarse una ruina por algo así, tú sabes lo que te digo, no. Así que, haciendo acopio de serenidad y poderío mental, le contesté con toda la educación del mundo reconcentrada en mí. Y es que uno no sabe bien cómo va a reaccionar en según qué situaciones, eh. Hay que ver lo que es el cerebro humano. Misterioso e indescifrable. Hay algunas excepciones, como el Tirilla por ejemplo, que lo ves venir desde 4 kilómetros; solo piensa en fumar hachís, en pelársela como un mono, y en volver a fumar hachís. Y tiene novia, ojo, pero como es de esas que dicen que solo la puntita y que hasta el matrimonio no entra nada más, pues.... O el Albertico, otro que tal, que se sabe de memoria todos los títulos de crédito de las películas de la guerra de las galaxias, se viste de soldado del imperio de vez en cuando, con 35 años que tiene el tío, y se lía a sablazos láser con los niños del parque (hasta hacerlos llorar el muy gilipollas). Pero tampoco hay que ser cruel. A uno, dice la leyenda urbana que de chico se intoxicó con un Burmar-Flax en mal estado. Y el otro..., bueno, es igual, déjalo estar.
- Mire usted, señor Agente, que es que mi mujer acaba de dar a luz en San Juán de Dios.
Lo primero que se me ocurrió. Improvisando. Con dos cojones.
- Y este es el padrino de la criatura, sabe usted, que he ido a recogerlo y ahora vamos para allá con los nervios y con alegría, y bueno, pues ya por el camino lo hemos estado celebrando un poquito, eh, pero ojo, siempre con conocimiento y saber estar, cuidao. Poca cosa. Se lo juro. Porque yo es que me bebo una manzanilla y al momento se conoce que mi organismo no la acepta del todo muy bien y oiga, como que..., usted me entiende. Lo mejor es el agua. De toda la vida. Y lo más sano. ¿Sí o no, Tirilla?.
- Fijo.
El representante de la ley nos miraba a uno y a otro, entornando los ojos como Lee Van Cleef en "El Bueno, El Feo y el Malo". Yo seguía a lo mío para que no se despistara. Había que mantenerse firme.
- Un cachorrico precioso, Jefe. Y ha salido macho, sabe usted. Le voy a poner Kevin José. Kevin porque me gusta y José porque me gusta también.
Para mis adentros yo sabía que, aún y los esfuerzos sublimes por mi parte para mantener un mínimo de coherencia, estaba orinando fuera del tiesto, salpicando por todos lados. Es curioso como por mucho que la parte no trastornada insiste en tomar el control, nunca llega a imponerse y uno sigue en manos del whisky. Por no hablar de los efluvios de los psicotrópicos del Tirilla. Sea como fuere, el agente, con su chaleco fosforito, callaba y seguía mirándonos con una sonrisilla en la boca así como de medio lado. Y nosotros, con los ojos como Christopher Lee harto de aguardiente, finalmente también calladitos, a ver qué nos decía. Expectación al máximo. Ojetes apretados. Solo faltaba una bola de esas de broza arrastrada por el viento en el polvoriento asfalto y el reloj del campanario dando la hora en punto.
- Venga, circulen. No recuerdo que nadie les haya dicho que pararan. Así que rapidito no sea que me arrepienta. Ha habido un accidente y me están entorpeciendo la circulación.
Hostia...
- Ah.... (hostiahostiahostia) Yo es que pensaba que era para soplar y eso, agente. Y como somos gente legal y sana pues por eso nos hemos parado.
- No. No somos de alcoholemia ahora mismo. Ahora bien, si no me espabilan no tardo nada en traerles el cacharrito.
- No, no, no hace falta, por Dios. Aunque ya le digo que estamos limpios como la patena. Pero que vamos, que no se preocupe que nos vamos cagando hostias ahora mismito. Perdone usted, eh, por las molestias. Ahora mismo nos vamos de parranda, digo..., a San Juán de Dios. A-SAN-JUÁN-DE-DIOS. A ver la criaturita. ¿Sí o no, Tirilla?.
- Estás tardando.
- ¿Perdona, nen..?
- Que estás tardando, Chumoski. Mete primera, rey.
- Ah, sí, claro, claro, anda que yo también... Buenas noches, señor agente, Dios lo tenga en su gloria. Muchas gracias por todo. Para San Juán de Dios..., por aquí recto, ¿no?. Vale, vale. Gracias. Sí. Gracias.
Nos fuimos, claro. Con el cebollón a cuestas. El Tirilla miró por el retrovisor y cuando se aseguró que ya había suficientes metros entre el control y nosotros se echó mano al bolsillo y volvió a encenderse el porro. Entonaba una canción de esas veraniegas.
TO BE CONTINUED.
miércoles, 24 de febrero de 2010
domingo, 21 de febrero de 2010
Cine de Miedo. (2). Hoy: "¿Hay alguien ahí...?
Pregunta más alto, anda.
O sea..., asi a bote rápido, como quien no quiere la cosa, eh, que yo lo digo con todo el respeto del mundo, vale, pero vamos, que para mis adentros yo pienso que tampoco hay que ser Belén Esteban o Stephen Hawkins. Veamos..., estás a punto de entrar en tu casa y tú recuerdas perfectamente que antes de coger camino de la peluquería le has echado la doble vuelta a la llave. Lo sabes. Eres consciente. Te apostarías a tu mami en una timba al Remigio. Esa señora que te pone las croquetas en un tuperware. Las croquetas, las lentejas, los garbanzos, la pechuga empanada.... Tu mami. A las cartas, oye. Y llegas y te encuentras con la puerta abierta medio palmo. Hostia. Apuntemos, para más inri, que nadie más tiene llaves del piso salvo la señora de las croquetas y el señor que te compró la Scoopy y que, casualmente, vive con tu mami. (pudiéramos estar hablando de tu papi, ojo; pudiéramos, he dicho, que luego estas cosas nunca se saben). Y resulta que ambos están en Benidorm.
No quisiera ser agorero, pero habría que repasar algunos aspectos a tener en cuenta en ese preciso momento. A saber:
1.- Alguien ha entrado en tu casa (Bien. Felicidades. Premio para el caballero y gratificante reconocimiento público. Se lleva usted tres tabletas de turrón. Y, ya puestos, gracias Dios mío por esta iluminación que me das y por hacerme cada día que pasa un poquito más inteligente y despierto.) y luego ese alguien se ha largado.
2.- Alguien ha entrado en tu casa y todavía está dentro. ¿Para qué? ¿Qué estará haciendo? ¿Qué pretende? ¿Cuántos son?. ¿Humanos? ¿Mutantes? ¿Vendedores de Kleenex? ¿De mecheros?. Pues no sé, chica. Pero para eso estás tú: PARA PREGUNTARLO, alertar al visitante y, de paso, sembrar el pánico entre las filas del cine. Darnos por saco, en definitiva.
¿Entonces qué ocurre? Pues mira, que cómo tú no sabes si el intruso se ha ido o todavía está dentro, esperándote para hacerte la piragua en la bañera, yo me pregunto visceralmente (que hasta hago muecas de los visceral que me pongo, ojo): ¿Para qué preguntas?. Y encima a vozarrones. Que solo te falta ponerte las manos a los lados de la boca como si estuvieras voceando en el campo a las ovejas. Di que sí, artista. Tentando a la suerte. Ehe, toro!!! Ehe!!! Venga. A puerta gayola. Ehe!!!
A ver cuántas mujeres torero han triunfado, hija mía.
- HE DICHO QUE SI HAY ALGUIEN AHI!!!.
Grita mas que no te ha escuchado. Que se conoce que el audífono se le está quedando sin pilas.
Porque no nos engañemos, señores, que esto es lo que todo hijo de vecino (con Graduado Escolar o sin él) está pensando en el cine. Es que es así. Yo no sé si es que los guionistas nos toman por gilipollas o escriben los guiones con papel carbón y luego los van reutilizando. Total, que toda la peña en el cine pensando al unísono si la gorriona esta de las grandes orejas (esto es fundamental) empitonadas con pezones que parecen peones de ajedrez (más fundamental todavía) está tronada de la drogaína o quizá se dio un mal golpe en la cabeza de pequeña. No falla. Siempre tiene que ser un pibonazo que está para meterle los pelos para dentro.
- Oye, Toñín.
- Qué pasa.
- A esta le faltan 10 minutos al microondas, ¿no?.
- Ya te digo. Pero está para metérsela y no sacarla hasta que el niño te pida para tabaco.
- Ya sabía yo que ibas a decir algo así.
Llega otro de los MOMENTUM ESTELARUM en estas situaciones tan concretas: el pibón va a encender las luces del piso.
Le da al interruptor.
Hola, soy Carlos Sobera. Desde el 50 x 15. Quién quiere ser Millonario:
a) Las luces se encienden.
b) Se activa la alarma del búnker de la serie Perdidos.
c) Se abre una trampilla en el suelo y un tiburón asoma la cabeza. Entre sus dientes lleva una bombona de oxígeno.
d) Las luces no van. No funcionan. Por tanto, a oscuras.
(¿Comodín del público?)
Más oscuro todo que el ojete de Nat King Cole, oiga. Y esa cámara del director buscando los planos más cabrones mientras la chica de grandes orejas se va adentrando poco a poco, cada vez más, en su casa. Por supuesto, preguntando si hay alguien ahí. A voz pelada. "RESPÓNDAME, POR FAVOR!! ¿HAY ALGUIEN AHÍ...?"
En las filas del cine los rumores no cesan. Se forman corrillos alrededor de las butacas para combatir la inquietud. Sin poder fumar.Se barajan varias alternativas:
Opción A.- Ahora le echan la mano por detras a los pelos.
Opción B.- Ahora se gira y hay un fantasma chino-japonés-coreano-tailandés, con los pelos largos y los ojos en salmuera. Con mucha tensión en su rostro. De mal rollo, vamos. (ya hablaremos de esto otro día).
Opción C.- Ahora la puerta se cierra sola tras ella pegando un terrible portazo reproducido en sonido THX.
Opción D.- Inmediatamente tras de ella, muy lentamente, con la agilidad de un ninja, baja del techo Jesús Mariñas.
Yo sé que estos cuatro ejemplos son de conocimiento general y que uno pues oye, como que ya los está esperando venir, vale. Pero la cuestión es que la languidez de esfínter te viene igualmente, aún y que estuvieras sobre aviso. Excepto, eso sí, en la opción D, la de Jesús Mariñas. Ahí ya se te escapa directamente el mojón entero.
Cuando te quieres dar cuenta, por mucho que la escena se te haga interminable, llegas finalmente al clímax del asunto. La chica se mete dentro de su piso. Muy adentro para el gusto del consumidor. Está realmente lejos de la puerta de entrada. Se mete y se mete y se mete... "Conteste, por favor!!!". La cámara, que sigue puteándonos. Tú rezando todo el rato en tu butaca: "tú verás tú verás tú verás tú verás...". Silencio opresivo entre las filas. La tontolaba que sigue caminando a oscuras. "Tú verás tú verás tú verás..."
Y entonces sale el notas de sopetón, la agarra sorpresivamente, y el pibón suelta un berrido que te eriza los pelos de las cejas y de paso, como si no fuera contigo, te provoca un frenazo doble con derrape atención curva cerrada a ras en los Calvin Klein que eso hace falta KH-7 para desincrustarlo en condiciones.
A los que usan tanga ni te cuento. El mismo tanga les hace el efecto cuchilla (que se dice) y el asunto se divide en dos.
Y por si fuera poco, resulta que el intruso es su marido. O su mejor amigo, su primo de Cuenca, el ayudante del Sheriff secretamente enamorado desde el Instituto, el portero de la finca, Richard Clayderman..., yo qué sé. Alguien conocido, vamos. Alguien conocido a quien efectivamente, como he dicho antes, o bien se le han acabado las pilas del sonotone, vale, o estamos hablando de un hijo de la gran puta de tres pares de cojones por hacerle pasar ese mal rato a la chiquilla y encima pegarle ese susto en el cuerpo a caso hecho. Porque desde luego no escucharla en un piso de protección oficial de 30 m2 (gracias, ministra) es para flipar un poco, eh. Hay que ser hijoputa y cabrón. En definitiva: para volver a prestarle dinero, sabes.
De todos modos la puntilla llega después, cuando el pibonazo, tras reponerse un poco le pregunta...:
- ¿Cómo has entrado Yimi...?
Y él le responde (agarraos que viene otro Momentum Estelarum)...:
- La puerta estaba abierta.
Que vaya entrando el siguiente frenazo.
Curva con desnivel. A ras.
Saludos.
O sea..., asi a bote rápido, como quien no quiere la cosa, eh, que yo lo digo con todo el respeto del mundo, vale, pero vamos, que para mis adentros yo pienso que tampoco hay que ser Belén Esteban o Stephen Hawkins. Veamos..., estás a punto de entrar en tu casa y tú recuerdas perfectamente que antes de coger camino de la peluquería le has echado la doble vuelta a la llave. Lo sabes. Eres consciente. Te apostarías a tu mami en una timba al Remigio. Esa señora que te pone las croquetas en un tuperware. Las croquetas, las lentejas, los garbanzos, la pechuga empanada.... Tu mami. A las cartas, oye. Y llegas y te encuentras con la puerta abierta medio palmo. Hostia. Apuntemos, para más inri, que nadie más tiene llaves del piso salvo la señora de las croquetas y el señor que te compró la Scoopy y que, casualmente, vive con tu mami. (pudiéramos estar hablando de tu papi, ojo; pudiéramos, he dicho, que luego estas cosas nunca se saben). Y resulta que ambos están en Benidorm.
No quisiera ser agorero, pero habría que repasar algunos aspectos a tener en cuenta en ese preciso momento. A saber:
1.- Alguien ha entrado en tu casa (Bien. Felicidades. Premio para el caballero y gratificante reconocimiento público. Se lleva usted tres tabletas de turrón. Y, ya puestos, gracias Dios mío por esta iluminación que me das y por hacerme cada día que pasa un poquito más inteligente y despierto.) y luego ese alguien se ha largado.
2.- Alguien ha entrado en tu casa y todavía está dentro. ¿Para qué? ¿Qué estará haciendo? ¿Qué pretende? ¿Cuántos son?. ¿Humanos? ¿Mutantes? ¿Vendedores de Kleenex? ¿De mecheros?. Pues no sé, chica. Pero para eso estás tú: PARA PREGUNTARLO, alertar al visitante y, de paso, sembrar el pánico entre las filas del cine. Darnos por saco, en definitiva.
¿Entonces qué ocurre? Pues mira, que cómo tú no sabes si el intruso se ha ido o todavía está dentro, esperándote para hacerte la piragua en la bañera, yo me pregunto visceralmente (que hasta hago muecas de los visceral que me pongo, ojo): ¿Para qué preguntas?. Y encima a vozarrones. Que solo te falta ponerte las manos a los lados de la boca como si estuvieras voceando en el campo a las ovejas. Di que sí, artista. Tentando a la suerte. Ehe, toro!!! Ehe!!! Venga. A puerta gayola. Ehe!!!
A ver cuántas mujeres torero han triunfado, hija mía.
- HE DICHO QUE SI HAY ALGUIEN AHI!!!.
Grita mas que no te ha escuchado. Que se conoce que el audífono se le está quedando sin pilas.
Porque no nos engañemos, señores, que esto es lo que todo hijo de vecino (con Graduado Escolar o sin él) está pensando en el cine. Es que es así. Yo no sé si es que los guionistas nos toman por gilipollas o escriben los guiones con papel carbón y luego los van reutilizando. Total, que toda la peña en el cine pensando al unísono si la gorriona esta de las grandes orejas (esto es fundamental) empitonadas con pezones que parecen peones de ajedrez (más fundamental todavía) está tronada de la drogaína o quizá se dio un mal golpe en la cabeza de pequeña. No falla. Siempre tiene que ser un pibonazo que está para meterle los pelos para dentro.
- Oye, Toñín.
- Qué pasa.
- A esta le faltan 10 minutos al microondas, ¿no?.
- Ya te digo. Pero está para metérsela y no sacarla hasta que el niño te pida para tabaco.
- Ya sabía yo que ibas a decir algo así.
Llega otro de los MOMENTUM ESTELARUM en estas situaciones tan concretas: el pibón va a encender las luces del piso.
Le da al interruptor.
Hola, soy Carlos Sobera. Desde el 50 x 15. Quién quiere ser Millonario:
a) Las luces se encienden.
b) Se activa la alarma del búnker de la serie Perdidos.
c) Se abre una trampilla en el suelo y un tiburón asoma la cabeza. Entre sus dientes lleva una bombona de oxígeno.
d) Las luces no van. No funcionan. Por tanto, a oscuras.
(¿Comodín del público?)
Más oscuro todo que el ojete de Nat King Cole, oiga. Y esa cámara del director buscando los planos más cabrones mientras la chica de grandes orejas se va adentrando poco a poco, cada vez más, en su casa. Por supuesto, preguntando si hay alguien ahí. A voz pelada. "RESPÓNDAME, POR FAVOR!! ¿HAY ALGUIEN AHÍ...?"
En las filas del cine los rumores no cesan. Se forman corrillos alrededor de las butacas para combatir la inquietud. Sin poder fumar.Se barajan varias alternativas:
Opción A.- Ahora le echan la mano por detras a los pelos.
Opción B.- Ahora se gira y hay un fantasma chino-japonés-coreano-tailandés, con los pelos largos y los ojos en salmuera. Con mucha tensión en su rostro. De mal rollo, vamos. (ya hablaremos de esto otro día).
Opción C.- Ahora la puerta se cierra sola tras ella pegando un terrible portazo reproducido en sonido THX.
Opción D.- Inmediatamente tras de ella, muy lentamente, con la agilidad de un ninja, baja del techo Jesús Mariñas.
Yo sé que estos cuatro ejemplos son de conocimiento general y que uno pues oye, como que ya los está esperando venir, vale. Pero la cuestión es que la languidez de esfínter te viene igualmente, aún y que estuvieras sobre aviso. Excepto, eso sí, en la opción D, la de Jesús Mariñas. Ahí ya se te escapa directamente el mojón entero.
Cuando te quieres dar cuenta, por mucho que la escena se te haga interminable, llegas finalmente al clímax del asunto. La chica se mete dentro de su piso. Muy adentro para el gusto del consumidor. Está realmente lejos de la puerta de entrada. Se mete y se mete y se mete... "Conteste, por favor!!!". La cámara, que sigue puteándonos. Tú rezando todo el rato en tu butaca: "tú verás tú verás tú verás tú verás...". Silencio opresivo entre las filas. La tontolaba que sigue caminando a oscuras. "Tú verás tú verás tú verás..."
Y entonces sale el notas de sopetón, la agarra sorpresivamente, y el pibón suelta un berrido que te eriza los pelos de las cejas y de paso, como si no fuera contigo, te provoca un frenazo doble con derrape atención curva cerrada a ras en los Calvin Klein que eso hace falta KH-7 para desincrustarlo en condiciones.
A los que usan tanga ni te cuento. El mismo tanga les hace el efecto cuchilla (que se dice) y el asunto se divide en dos.
Y por si fuera poco, resulta que el intruso es su marido. O su mejor amigo, su primo de Cuenca, el ayudante del Sheriff secretamente enamorado desde el Instituto, el portero de la finca, Richard Clayderman..., yo qué sé. Alguien conocido, vamos. Alguien conocido a quien efectivamente, como he dicho antes, o bien se le han acabado las pilas del sonotone, vale, o estamos hablando de un hijo de la gran puta de tres pares de cojones por hacerle pasar ese mal rato a la chiquilla y encima pegarle ese susto en el cuerpo a caso hecho. Porque desde luego no escucharla en un piso de protección oficial de 30 m2 (gracias, ministra) es para flipar un poco, eh. Hay que ser hijoputa y cabrón. En definitiva: para volver a prestarle dinero, sabes.
De todos modos la puntilla llega después, cuando el pibonazo, tras reponerse un poco le pregunta...:
- ¿Cómo has entrado Yimi...?
Y él le responde (agarraos que viene otro Momentum Estelarum)...:
- La puerta estaba abierta.
Que vaya entrando el siguiente frenazo.
Curva con desnivel. A ras.
Saludos.
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