Blogoteca 20 Minutos

jueves, 25 de febrero de 2010

Noche de Fiesta. (Cap.2)

- Eeeeemmm...., oye, Tirilla, qué te iba a decir yo... ¿tú estás seguro de que este sitio es de lujo?. Es una discoteca un poco cutre, ¿no?.
- Bueno, así visto desde fuera no lo parece mucho, vale, pero es porque que estamos hablando de un lujo así tirando más a casero, sabes. Pero eh, que oye, que ahora cuando entremos tú verás qué chavalas. Sálvame de Luxe, Chumoski, te lo digo yo. Im-presionate, ya verás. Mira, ahí están los compis.

Delante de una puerta de color morado, sita entre una carnicería y un videoclub con el cartel de "Cerrado porque no hay más cojones", estaban el Davilín, el Jose Luís y el Albertico. Un Pitbull con gafas de sol (a las 02:00h. de la madrugada), americana negra H&M y la colección Primavera-Verano de bisutería tunnera colocada estratégicamente en sus dedos, cuello y orejas (ah, y en una ceja también) estaba apostado en el dintel de la puerta. Controlando el percal. Me alegré personalmente porque eso quiere decir que estamos hablando de un local decente donde se vigila la integridad física del personal. Muy bien por el Tirilla, oye.

- Hombre, hombre, hombre...., pero cómo estamos Sr. Chumoski!!!. Como siempre por lo que veo, alicatado de arriba a abajo, como un marqués, eh. Venga un abrazo, joder!!! Pero qué artista estás hecho!!! ¿Cómo va el gimnasio? Te veo más cachas, eh!!!
- Que te den por saco, cabrón.

El Jose Luís es muy buen chaval, y muy cariñoso también, pero a veces se me dispersa un poco. Qué duda cabe que si la sombra del ciprés es alargada, la Ruta del Bakalao lo es más aún en este caso. Pobre. Menudo pollo montó este año en la Cabalgata de Reyes del barrio, sabes. Madre de mi vida. A pesar de sus posteriores y reiteradas disculpas todavía hay una vieja que cuando lo ve venir se cambia de acera.

- Pues no sé, Chumi, en serio. Yo lo último que recuerdo es que me llevaban en volandas. Se conoce que comí unos plátanos en mal estado, sabes.
- Ya. En mal estado. Claro. Joder, Jose Luís, la que montaste con el reparto de caramelos, nen. Que tuvieron que venir los Geos y todo, padre.
- Y espérate, que luego estuve dos semanas enteras sin cagar, Chumoski. De los putos plátanos, nen.
- Has acabado ya los servicios sociales que te mandaron??
- Sí. Esta misma tarde. En un Geriátrico. Buá, los abueletes llorando y todo porque me iba. Me he puesto mazo triste, sabes.
- ¿Y eso?.
- Hombre, tú verás, les he puesto el mejor Progressive que han escuchado en su vida. Y también algo de remember, claro.
- ¿A los abueletes?
- Pos claro!! Anda que tú también.... Tendrías que haberlos visto, nen. Menudos fiestones a la hora de la merienda con la leche y las galletas. Y alguno hasta me pedía de fumar y todo, sabes. Un puntazo. Más buena gente que todas las cosas, hostia. Una chinilla le he dejado al final al Sr. Bartolomé, para que se la fume él a su gustito.

El Albertico y el Davilín que se me acercan ofreciéndome psicotrópico. Otra vez. Tú verás. Pero bueno..., una noche es una noche. Ya me está entrando hambre.

- Albertico - le digo-. Qué sabemos de Han Solo y la Princesa Leia, fenómeno.
- Hombre, Chumo, benditos los ojos, mariconazo!!! Hoy vienes que te sales!!!. Pero si pareces un clik de Famóbil en la pasarela Cibeles!!! Cómo va todo?? Y la Rosariyo?? ¿Has probado otra vez la Viagra o qué? JAJAJAJA!!!!
- La Rosario bien, gracias. Y de lo otro pues nada, gracias a la Vírgen del Cármen me bajó la hinchazón y todo en orden. Nunca mais.
- La madre que te parió, Paquito. A quién se le ocurre - dijo el Davilín. Un tío con estudios muy bien puesto, que se viste por los pies, vale. Pero que no le des de fumar que pierde la compostura y le entra una risera floja que se mea encima-. Anda, vamos para dentro.
- Eso, eso, vamos para dentro!! - apostilló el Tirilla abriendo la puerta y dándole las buenas noches al Pitbull.

Qué discoteca más curiosa. Cuatro personas haciendo como que bailaban samba en medio de algo que parecía una pista pequeñita. Dos de ellas, sobre todo, haciendo el gilipollas, básicamente, porque desde luego a mí me daría vergüenza hacer el canelo como lo estaban haciendo. Dos puretones con cadenas en el cuello y sudores en la frente bailando delante de dos chavalitas mucho más jóvenes, sabes, y con unas faldas que parecían cinturones de esos anchos. Tenían la mirada del tigre (la de Rocky, para que me entiendas). Luego, la luz del garito muy floja y los colores de las paredes de color rojo. Toqué una y parecía terciopelo, vale, con unas lamparitas muy viejas sacadas de la casa de Hermann Monster. No sé, nen, todos parecían muy contentos, eso sí. Para mí que muchos ya conocían el garito este de antes porque se les veía como en casa, fíjate lo que te digo.

- Chumoski, ¿cómo ves el tema, nen? - me dice el Tirilla -. ¿Qué te parecen las chavalas? Míralas, están sentaditas todas allí al fondo.
- No, si ya..., si ya las veo. Esto es un poco raro, ¿no?. Nunca había estado en un garito con tanta hembra de tantos colores. Esto parece la ONU, Tirilla. ¿Y qué hacen todas juntas allí?. Y otra cosa te digo, nen: las de la pista me hacen pinta de ser un poco sueltecillas, eh. Mira, mira cómo se ronean delante de los puretones. A ese, tanto sudor no puede ser bueno. Está colorao como un cangrejo el tío. No sé, nen... Bueno, es igual, voy a echar un trago mientras disfruto de las vistas, Tiri, que estoy seco, padre.

Estaba con mi pelotazo y el Jose Luís con el suyo, tan tranquilicos, sentados en la barra. Miraba de reojo al camarero y luego al suelo, alternando, buscando los restos de aceite que iba soltando el gorrión, con la raya hecha en los ojos y una flojera en el garbo que para qué te cuento. Y ya de paso, controlando las distancias, sabes, no sea que tengamos un malentendido con tanta sonrisita y tanta mirada de gato. Y entonces me tocan en al espalda. Me giro así con la cabeza y, cuando veo que se trata de una hembra, me giro el taburete entero. Es una mulatona muy grande. Enorme. Gigante. La Supermulatona Marvel capaz de hostiar a Thor El Poderoso, por lo menos. Hostiaputa. En sujetador y unas mallas muy finas (igual eran medias, yo que sé) de color rosa que le marcaban a las claras todo el chomino (un chomino a proporción, tú me entiendes; el chomino más grande del universo). Se conoce que no llevaba ni bragas ni tanga ni ná de na. Y coge la colega y me dice:

- Hooooooola paaaaapi. Qué guaaaapo vienes mi amol. ¿Me invitas a una copita, machoooote?.

Tenía dos tetas que rebosaban la talla XXXL del sujetador como dos milagros. Mis ojos no podían abarcar tanto y casi me empieza una migraña, entiéndeme. Un culo que asomaba por los dos lados del taburete donde estaba sentada. Más grande que el de la Rosario y encima, por si fuera poco, respingón. A tomar por culo la ley de la gravedad. Estuve por preguntarle como es posible hacer eso sin ponerse una faja pero lo dejé estar porque no quería ser maleducado, tú me entiendes lo que te digo, no. Y tenía unos morros.... Madre del amor hermoso, eso te saca hasta los líquidos segoviales de las rodillas. Te absorbe la vida entera y la piel se te arruga como un higo seco en las películas de miedo. Por-fa-vor, qué labios. Si son tan grandes como los de abajo, joder!!! La hostia!!!

Miré al Jose Luís y vi que también estaba hablando con otra hembra. Esta era una chavalita rubia y delgaducha; también con poca ropa. "Joder, qué sueltas van todas aquí ,nen", pensé.

- Yo te invito a lo que quieras, hermosa. Faltaría más. ¿Cómo te llamas, reina?.
- Pamela, mi amol.
- Hay que ver qué nombre tan bonito. Pamela. Como la de Dallas y el J.R., eh. Nada, hombre, pues mucho gusto. Yo me llamo Paco. Pero me puedes decir Chumoski.

Pillé al José Luís que me miraba de reojillo, así por encima del hombro de la rubia, riéndose el muy cabrón. Yo también me reía. Íbamos más fumaos que los indios apache en Navidad, tú me entiendes. Y las hembras, muy majas visto lo visto. Un poco atrevidas para mi gusto, pero muy majas de trato, eso sí.



TO BE CONTINUED.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Noche de Fiesta. (Cap.1)

- Vente, Chumoski, vente. Que vamos a un sitio nuevo que nos han dicho.
- Mira, nen, que yo no tengo muchas ganas hoy y además estoy un poco de bajón.
- Tonterías, tú te vienes con nosotros, que esta noche verás lo bien que lo vamos a pasar.
- ¿Dónde vais?.
- A Barcelona. A un sitio de lujo. Hoy mojamos el churrico, fijo. Vente y no seas tonto. Déjate de paranoias, hazme el favor.
- ¿Puedo ir con las Nike nuevas?
- No, no, no..., de eso nada, Chumoski. Tú te arreglas como tú sabes y te lavas bien tus bajos por si las moscas. Además van a venir el Davilín, el Jose Luís y el Albertico. Verás tú qué fiestón se monta, nen.
- Eso lo hago todos los días, Tirilla.
- ¿Pegarte un fiestón?
- No. Lavarme los bajos, que pareces tonto. Sabes que siempre tienen que estar en perfecto estado de revista. Estás empanao, nen.
- Putamadre, tío. Luego te pico.

Subió el Tirilla a mi casa justo cuando me estaba aplicando el after-shave. Ya estaba vestido. Con mis Levi's nuevos de trinca, mis topolinos relucientes, mi camiseta de esas ajustadas, negras, pegaíta al pecho. Con mi gomina con brillo efecto mojado, mi jabón Lagarto en los sobacos y en los huevos, todo rematado con medio frasco de Is San Lorán (que se la compré a un moro a mitad de precio) por encima. En definitiva: hecho un pincel. Un pincel un poco tirando a belleza despistada, vale, pero a ver, tampoco para tirarse de los pelos. Y si no mira el tío callo ese que está casado con la Beluchi. Por ahí van los tiros. Pero sin Beluchi, claro (y al paso que voy, y con la suerte que tengo...).

- Tirilla, a ver qué estás haciendo, que no te escucho!!!.
- Ná malo, Chumoski, ná malo, hombre.

Cuando entro en el comedor me lo encuentro sentadico en el sofá con las piernas estiradas, la botella de Cardhú al lado y fumándose el tío un tres papeles como un demonio mientras miraba a la Bárbara Rey en el "Dónde estás Corazón".

- Date cuenta lo buena que está la Bárbara esta, eh, Chumoski. Con la edad que tiene la mujer y hay que ver lo bien conservada que se la ve.
- ¿Estamos a gustito, no?.
- Chumoski, nen, esta noche va a ser la repolla. In-olvidable, te lo digo.
- Me voy a cagar en tus muelas, haz el favor de quitar los pieses de la mesita, anda. Y ya puestos, pásame eso que como te lo fumes tú solo ya sé yo lo que va a pasar. Que tienes menos conocimiento que....

Le pegué una calada y se me encogieron los pulmones. Solté dos lagrimones.

- La madre que te parió, Tirilla. ¿Se puede saber qué coño le has echao a esto?.
- Joder, Chumoski, quién te ha visto y quién te ve.

Será hijoputa...

Nos metemos en el Forfi bien calenticos los dos. Que pim, que pam, que me vengo que me voy, qué contentos estamos y qué bien nos lo pasamos. Ya sabeis. Con tres whiskis dobles antes de salir de casa entre pecho y espalda y el megaporro aún en plena erupción. Con un puntico en condiciones, así lo digo, que soy persona sincera y no me duelen prendas en contar las cosas como son. Ponemos la musiqueta y nos vamos para Barcelona. Antes de llegar, en el Nudo de la Trinidad, en la Ronda de Dalt, vemos un control de de las fuerzas de seguridad del estado. Ya la hemos liado. Frené el coche, claro.

- Coño, Tirilla, abre la ventanilla que salga esta humareda, por Dios. La madre que te parió. Tíralo, cojones.
- Sí, hombre, y un mojón. Que esto es caro, eh.
- Me cago en... Baja la música, coño.
- Hola, buenas noches, señores. ¿A dónde van ustedes? - me dice el de las fuerzas del orden. Dos metros de fuerza del orden, ojo. Y con una boina. Sin rabillo.

Yo estuve a punto (pero a punto, a punto, a punto, eh) de contestarle como al Miliki, al Fofito y al Milikito, sabes. Aquello de: "Bieeeeeeeeeeeeeeeeeennnnnnn!!!!!". Pero gracias a la Vírgen del Carmen, no sé cómo, me puse muy serio. Es tontería buscarse una ruina por algo así, tú sabes lo que te digo, no. Así que, haciendo acopio de serenidad y poderío mental, le contesté con toda la educación del mundo reconcentrada en mí. Y es que uno no sabe bien cómo va a reaccionar en según qué situaciones, eh. Hay que ver lo que es el cerebro humano. Misterioso e indescifrable. Hay algunas excepciones, como el Tirilla por ejemplo, que lo ves venir desde 4 kilómetros; solo piensa en fumar hachís, en pelársela como un mono, y en volver a fumar hachís. Y tiene novia, ojo, pero como es de esas que dicen que solo la puntita y que hasta el matrimonio no entra nada más, pues.... O el Albertico, otro que tal, que se sabe de memoria todos los títulos de crédito de las películas de la guerra de las galaxias, se viste de soldado del imperio de vez en cuando, con 35 años que tiene el tío, y se lía a sablazos láser con los niños del parque (hasta hacerlos llorar el muy gilipollas). Pero tampoco hay que ser cruel. A uno, dice la leyenda urbana que de chico se intoxicó con un Burmar-Flax en mal estado. Y el otro..., bueno, es igual, déjalo estar.

- Mire usted, señor Agente, que es que mi mujer acaba de dar a luz en San Juán de Dios.

Lo primero que se me ocurrió. Improvisando. Con dos cojones.

- Y este es el padrino de la criatura, sabe usted, que he ido a recogerlo y ahora vamos para allá con los nervios y con alegría, y bueno, pues ya por el camino lo hemos estado celebrando un poquito, eh, pero ojo, siempre con conocimiento y saber estar, cuidao. Poca cosa. Se lo juro. Porque yo es que me bebo una manzanilla y al momento se conoce que mi organismo no la acepta del todo muy bien y oiga, como que..., usted me entiende. Lo mejor es el agua. De toda la vida. Y lo más sano. ¿Sí o no, Tirilla?.
- Fijo.

El representante de la ley nos miraba a uno y a otro, entornando los ojos como Lee Van Cleef en "El Bueno, El Feo y el Malo". Yo seguía a lo mío para que no se despistara. Había que mantenerse firme.

- Un cachorrico precioso, Jefe. Y ha salido macho, sabe usted. Le voy a poner Kevin José. Kevin porque me gusta y José porque me gusta también.

Para mis adentros yo sabía que, aún y los esfuerzos sublimes por mi parte para mantener un mínimo de coherencia, estaba orinando fuera del tiesto, salpicando por todos lados. Es curioso como por mucho que la parte no trastornada insiste en tomar el control, nunca llega a imponerse y uno sigue en manos del whisky. Por no hablar de los efluvios de los psicotrópicos del Tirilla. Sea como fuere, el agente, con su chaleco fosforito, callaba y seguía mirándonos con una sonrisilla en la boca así como de medio lado. Y nosotros, con los ojos como Christopher Lee harto de aguardiente, finalmente también calladitos, a ver qué nos decía. Expectación al máximo. Ojetes apretados. Solo faltaba una bola de esas de broza arrastrada por el viento en el polvoriento asfalto y el reloj del campanario dando la hora en punto.

- Venga, circulen. No recuerdo que nadie les haya dicho que pararan. Así que rapidito no sea que me arrepienta. Ha habido un accidente y me están entorpeciendo la circulación.

Hostia...

- Ah.... (hostiahostiahostia) Yo es que pensaba que era para soplar y eso, agente. Y como somos gente legal y sana pues por eso nos hemos parado.
- No. No somos de alcoholemia ahora mismo. Ahora bien, si no me espabilan no tardo nada en traerles el cacharrito.
- No, no, no hace falta, por Dios. Aunque ya le digo que estamos limpios como la patena. Pero que vamos, que no se preocupe que nos vamos cagando hostias ahora mismito. Perdone usted, eh, por las molestias. Ahora mismo nos vamos de parranda, digo..., a San Juán de Dios. A-SAN-JUÁN-DE-DIOS. A ver la criaturita. ¿Sí o no, Tirilla?.
- Estás tardando.
- ¿Perdona, nen..?
- Que estás tardando, Chumoski. Mete primera, rey.
- Ah, sí, claro, claro, anda que yo también... Buenas noches, señor agente, Dios lo tenga en su gloria. Muchas gracias por todo. Para San Juán de Dios..., por aquí recto, ¿no?. Vale, vale. Gracias. Sí. Gracias.

Nos fuimos, claro. Con el cebollón a cuestas. El Tirilla miró por el retrovisor y cuando se aseguró que ya había suficientes metros entre el control y nosotros se echó mano al bolsillo y volvió a encenderse el porro. Entonaba una canción de esas veraniegas.


TO BE CONTINUED.