Pamela estaba mirando para Cuenca. Y yo no sabia bien para dónde mirar. Era la primera vez en mi vida que un culo me cohibía un poco, lo reconozco. Pero resulta que no estamos hablando de un culo corriente, joder. Eso eran dos enormes pelotas de hormigón antiaparcamiento. Pintadas de negro, claro. Fíjate que abrí los brazos, en cruz, todo lo que dieron de sí, tú me entiendes, y todavía no podía abarcarlo como Dios manda. Eran dos montañas con un valle en medio. El triángulo trasero del tanga lo veía bien, en la conclusilla (por respetar la denominación original, ojo) del culo, pero luego, la tira del mismo, inmediatamente después se perdía en las profundidades abisales de esas dos grandes masas de carne compacta. Porque esa es otra: tras un primer contacto manual, pude comprobar, absolutamente incrédulo, que estaba duro como el mármol; y por si fuera poco, respingón. Me agaché un poco para ver dónde estaban las vigas de soporte y... NO HABÍA NINGUNA!!! "¿¿¿Pero esto cómo se aguanta, Chumoski..???". Cosa de brujas, estaba claro. Le di un beso con devoción a mi crucecita de Caravaca, me armé de valor y lo miré de nuevo en toda su extensión. Dos praderas oscuras que se perdían en el horizonte, divididas por el Gran Cañón del Colorado, me devolvían la curiosidad, desafiantes, así como diciendo: "a ver si tienes cojones de echarme cuentas".
- Pamela, ¿tú sabes que tu culo tiene un trabajo de tres pares de huevos, hija?.
- Jijijiji. - se reía la muy jodía.
- Mira, vamos a hacer una cosa. Tú quédate así quietecita, vale, porque yo para esto necesito coger fuerzas, comprendes. Me quitaste antes media vida, y te aseguro que no me voy a dejar la otra media en esta campaña. Así que vamos a estudiar la situación y a tomar las medidas oportunas, tú sabes lo que te digo, no.
- ¿Así estoy bien, paaapi?.
- Perfecta.
Cogí el teléfono y marqué la extensión correspondiente. La Supermulatona Atómica con el culo en pompa encima de la cama. El somier, con inquietantes quejas cada vez que la negra respiraba. Y en la tele, malas caras. Parece ser que el gigante calvo ese asexuado y el Jefe espartano (el de las barbas y la mala folla) no se han puesto de acuerdo.
- Ríndete, alma de cántaro. No sois más de 300, y nosotros un imperio de asesinos. Y además traemos elefantes, máquinas de guerra y todo tipo de jodiendas militares - dice el rey afeminado, con las cejas pintadas con Rotring para delineantes, todo él maqueado encima de su trono transportado.
- Tu puta madre, calvo maricón.
Lo dicho: se avecina un tsunami de hostias. Esto se pone interesante.
- ¿Sí? ¿Hola?. Sí, hola, buenas noches. Mire usted, soy el de la habitación de la Pamela.
- Hola, buenas noches caballeros, ¿qué desea?, ¿algún problema?.
- No, no, no..., ninguno, por el amor de Dios no se preocupe usted. Mire una cosa..., me va a hacer el favor de subirme aquí un bocadillo doble de pata negra con una litrona bien escarchadita, usted me entiende, verdad.
- Perdone, caballero, pero es que no tenemos servicio de comidas en las habitaciones.
- Ah, no lo sabía - le dije. A la par, me pareció reconocer un cierto deje aceitoso en la voz -Disculpe, un momento... ¿usted es el camarero que me ha soplado 50 leuros por un cubata y un Agua de Vichy?.
- Son las tarifas estipuladas, caballero.
- Bueno, pues mira una cosa que te voy a decir, vaquero... A mí es que me da absolutamente igual, vale. Ya lo ve usted. Cosas mías. Así que ya me te me estás espabilando cagando hostias y subiéndome lo que te he pedido, porque tengo encima de la cama un trabajo guapo pendiente de solucionar del copón y no quiero hacerlo esperar mucho tiempo, tú me entiendes, no. Te doy 10 minutos.
- Mire, señor, le estoy diciendo que...
- Que me importa una mierda lo que me estés diciendo, marinero. Ya han pasados 2 minutos. Bocadillo doble de pata negra. Si puede ser de 5 Jotas. Y la litrona, bien fría. Ahí me da igual que sea San Miguel, Cruzcampo, Mahou o la que sea. No importa mientras no sea Light o sin alcohol. ¿Estamos?.
- Oiga, caballero, tengo la sensación de que usted se está excediendo.
- Como baje para abajo y te ponga la placa en la frente y la pipa metida en la boca te vas a enterar tú de lo que es excederse, so gilipollas. Te voy a pedir toda la papela de las chavalas y como vea una sola que está de estranquis te doy una alegría metiéndote en el corredor de los maricones en la Modelo. Pobre de tí que me subas la cerveza caliente.
Dos o tres minutos después picaron a la puerta. Una chica muy guapa en paños menores aguantaba una bandeja con las dos manos. Dos bocadillos de jamón envueltos con servilletas, dos litronas sudando (con la escarcha chorreando) y una botella de Cardhú.
- Qúe aproveche, señor.
- Muchas gracias, bonita. Me vas a disculpar pero no llevo encima nada suelto más lo que estás viendo, que es lo que el Señor me dio en su gracia divina. Y ahora está relajado.
Me subí encima de la cama con la bandeja.
- ¿Quieres, Pamela?.
- No, gracias, cariiiiño.
- Bueno. Pues tú estáte quieta ahí un momentito, eh, tal como estás, no te muevas, que yo me ventilo esto en un periquete viendo acabar los 300, cojo fuerzas, que son necesarias, y en seguida yo te doy placer sexual asalvajao, tú sabes lo que te digo.
Ella seguía en pompa encima de la cama. No se había movido ni un milímetro. Yo comencé con el primer bocadillo. El jamón estaba un poco seco, para mi gusto, pero bastante sabroso. La cerveza estaba en su punto.
- Hay que ver qué huevos le echan los espartanos estos, eh, Pamela. Son 300. Y los otros, miles de facinerosos. Quédate con la copla que vas a flipar, nena. Se conoce que el calvo ese y el Leónidas (se llama Leónidas, sabes) se han dicho unas pocas cosas a la cara, vale. Tú verás la que se lía.
- Aaaaayyy, mi amooool, qué guaapo son los espartaaaano.
- Joder, Pamela, sí que eres golfilla, sí. ¿Serías capaz de follártelos a todos?
- Hooombre, si hay que hacer un esfueeerzo, tú sábe. Con esos cueeelpo que tienen, paaapi. Tú qué quiéeere que yo haaaga, chico.
La Pretty Woman, sabes. Ya ves.
En la tele dejaron a los espartanos como coladores. Había manchas de sangre en la pantalla. Los pusieron marcando el paso, nen. Solo faltó que les dieran por culo. Madre mía de mi vida qué destrozo más grande y qué pena para sus madres. Si es que hay que ser, con perdón de la expresión, un poco gilipollas, sabes. ¿Pero qué haces vacilándole al calvo heterogay con los 200.000 asesinos con que ha llegado, hijo mío?. En fín. Que para otra ocasión ya saben lo que hay.
Me comí el hasta el cuscurro del último bocadillo, le pegué un último y largo trago a la segunda litrona, me tomé tres whiskazos y, girándome para la Pamela, le dije:
- Ahora sí. Ya me siento en condiciones, guapa. ¿Vamos al negocio o qué?
- Váaaamo, paaapi. Que estoooy calieeeente.
- Ya. De ver tanto tío cachas, eh, Julia Roberts.
- Jijijiji.
Me coloqué detrás del inmeso trasero. El catre estaba cada vez más hundido por el peso. Abrí los brazos lo máximo que pude; como si fuera a hacer el salto del ángel, vale. Con el cuerpo bien saciado me sentía poderoso. Tenía, de nuevo, una tremenda erección y mis cojones, pegados al culo, volvían a brillar en su máximo esplendor como dos estrellas con luz propia. Se me marcaron los bíceps cuando, en primer lugar, abrí las carnes para localizar el objetivo. Luego, aguantando con una la separación de las dos pelotas de cemento negro antiaparcamiento, logré con la otra apuntar al gran asterisco estriado que tenía como ojete. Una gran estrella de David.
Estando mi verga bien apuntalada y la Supermulatona medio gimiendo sin que aún hubiera entrado en el Tunnel of Love, me tiré un sonoro pedo como los cañones de Navarone, solté un eructo como el ogro Shrek que le levantó el pelo de la nuca, me santigüé de nuevo con la mi crucecita de Caravaca, y le metí el ciruelón.
TO BE CONTINUED.
miércoles, 3 de marzo de 2010
lunes, 1 de marzo de 2010
Noche de Fiesta. (Cap. 4)
Arriba había un largo pasillo lleno de puertas a ambos lados. Me metió por una de ellas a una habitación donde hacía mucha calor.
- Aaaaay, papiiito, solo tenémo esta habitación para nosóootro, mi amoool. Tiene el aire acondicionado estropeado, tú sábe. Espero que no te importe.
- No pasa nada, Pamela. Tú no te preocupes.
- Éeeere un duuuulce, chiiico. Voy un momentito al lavabo, ok.
- Aquí te espero, reina.
Me quedé en pelota picada y me eché en la cama. Crujió un muelle. Había un espejo enorme en el techo y una caja de condones encima de una mesita de noche. También el mando de la televisión. Conecto el cacharro esperando que salga alguna peli porno, para entrar en ambiente y eso, sabes, y en lugar de ello aparece en la pantalla un tío con barbas, vestido de romano o algo así, con muy mala leche, que coge y le mete un patadón a un negro bien vestido y lo tira a un pozo. Hostia, tú, esto me suena.
- Pamela!! - le digo -. ¿Cómo se le sube el volumen a la tele?
- Ya saaaalgo mi amooool.
Mira, nen..., cuando salió por la puerta del lavabo...
(Crom, dame fuerzas).
Todo ese conglomerado macizo de carne, embutido en un tanga blanco talla catapulta del Rey Saladino me miraba desde el dintel de la puerta. Con un sujetador transparente donde podrían columpiarse varios chiquillos a la vez que levantaba sus inabarcables mamas como por arte de magia. Me sacó la lengua lascivamente y se me puso el cipote como una longaniza imperial El Pozo. No, más aún: como un lomo ibérico embuchado de 5 kilos.
Hasta el Rey ese de las barbas, con su malafolla, en la pantalla, se giró para ver el espectáculo. No era para menos. Ella, a su vez, cuando vio mi pieza de charcutería en su máximo esplendor, abrió mucho los ojos y puso un "Oooooh, my God" silencioso en su boca de infernales labios (la belleza está en el interior, lo dicen mucho en La Bella y la Bestia). Le hice señas con la mano para que se pusiera a mi vera. Vino. Subió encima. La cama se hundió para dentro.
- Padrenuestroquestásenloscielosantificadoseatunom.. ..
- ¿Qué diiice páaaapi...?
- Bendigo los alimentos, Pamela.
Se reía mientras me acariciaba la verga con su mano en movimientos rítmicos y perfectamente acompasados. Apretando ligeramente.
- Llegados a estas alturas, hija, y como veo que estamos los dos así en plan sincero y cariñoso, quería decirte algo.
- Dime paaaapi.
- Yo tonto lo que se dice tonto, pues no lo soy, vale, pero resulta que yo no he tenido mucha suerte en el amor, Pamela, tú me entiendes. Me han hecho sufrir, me han engañado, y he soltado lágrimas en silencio muchas veces. Por eso, cuando ahí abajo me has tratado tan bien, tan cariñosa conmigo y con tanta educación, pues...., bueno, que no te voy a mentir si te digo que antes me había hecho alguna ilusión.
- Aaaaay, mi amooool...., tú no llore.
- Es que me emociono, Pamela.
- Éeeeere un niño bueeeeeno y me guuusta mucho.
- También quería decirte otra cosa.
- Diiiiiime.
- Me estás arañando el cipote con ese anillo tan gordo. De arriba a abajo.
Paró. Se quitó el anillo. Me cogió un dedo y, haciendo el gesto como si me lo fuera a poner, me dijo:
- Si tú quiére yo puedo ser tu mamiiiita - me dijo poniéndome un tetón encima -. Tu nóoovia, ¿sí?.
Sería todo lo reputón que fuera, pero tenía buen fondo. Siempre lo he dicho: lo cortés no quita lo valiente. Así que me sequé una lagrimilla y le dije:
- Hombre...., así a palo seco, no sé... Mira, hagamos una cosa, tú me vas haciendo, con tu permiso, eh, y con educación (esto siempre por delante), una limpieza de sable, vale, y yo me pienso lo otro. ¿Qué te parece?.
- Paaaapi, yo solo quiéro haceeeerte felí, cariño, ya tú sáabe.
Dicho esto se puso de rodillas en la cama. Posición succionadora. Los muelles chirriaron como un gato pisado. Cuando se metió media longaniza en la boca, del tirón, y me pegó el primer repaso, se me rizaron los pelos del culo.
- Con cuidaico, Pamela, con cuidaico, hija, que no hay prisa. Así, eso es. Muy bien, reina.
"Espartanoooooos!!!", decía el gachón en la tele; El de las barbas, con el pecho romano para fuera, sabes lo que te digo, no. Estaba calentando a la peña como si fueran a jugar la final de la Champions. Todos con las lanzas al aire. Como yo, vamos, más o menos. "La gloria os espera!!!!".
Ni que lo jures, nen, pensé.
- Pamela, despacito, hija. Uuuff.
Me estaba sacando la vida por el bujerillo del nabo. El ectoplasma, sabes (que es una palabra que aprendí cuando vi de chico los Cazafantasmas). Se metía todo el miembro en la boca. Desde la punta a los cojones. A una velocidad de crucero de unos 20-30 Kms/h. No había visto tanta hambre junta en años.
- Pamela...
- Quémmmmpasssa mmmmi ammmmooooool....
- Nada, nada malo. Ay, ay... Sigue, guapa, sigue. Que es que no veo muy bien la tele, vale.
Su gigantesco culo negro, en pompa, me tapaba un cacho de la pantalla.
- Ponte a un ladico. A ver si puede ser... Eso es, así. Que resulta que ahora se van a meter de hostias los espartanos estos en la playa con los de la calle de al lado, sabes. Uuuuuffff...., nena. Así, muy bien. No te muevas. Así. Ya está, perfecto. De puta madre. Mmmmmhh...., eres una fenómena.
Cogí el móvil de la mesita de noche y le grabé un vídeo furtivo mientras devoraba mi miembro, para la posteridad. En la tele los espartanos colocaditos con sus escudos, todos a una, en formación, vale, listos para repartir galletas. Qué cabrones. Ahora que esos que vienen por la playa..., al loro, eh, que no vienen a lucir modelito, sabes. Y anda que son pocos. Verás tú la que se lía. Y qué calor hacía allí dentro, por Dios.
- Ves con cuidadín, Pamela, que se mueve mucho la cama, hija, a ver si no resiste y nos vemos dando las buenas noches al piratón que teneis de camarero en la planta baja. Tú despacito, hermosa. Despacito. Eso es. Cojonudo. Des-pa-ci.... Cuidado...., cuidado, cuidado, cuidado, cuidado que....
Se me pusieron los ojos del revés y casi me desmayo. No dejó ni una gota. Me entró una flojera en las piernas que para qué. Me chirriaban los huesos de las rodillas. Me eché para atrás en la cama y me miré en el espejo del techo. Estaba pálido y tenía ojeras. Casi me quita la vida. Si es que con ese ritmo es imposible. Y mira que yo estoy viendo la peli, primero porque distraes la mente y así aguantas más el tirón, vale, y segundo porque es un peliculón de la hostia, sabes. Pero una limpieza así, eso no hay Cristo que lo aguante. Bueno..., Cristo en concreto igual sí. Y si no fíjate el calvario que pasó el tío.
Hostia puta, si me pega dos chupadas más me saca el líquido de la columna.
- Ay, paaapi, ¿tú estás bien?
- Vamos tirando. Pero mira, ponte tú ahora, eh, porque yo tengo un endebilitamiento muy importante, vale, y ya después si eso yo te cubro como Dios manda. Pero ahora, de momento, túmbate tú si eso, gorriona.
Se tumbó todo lo enorme que era y ocupó toda la cama, pero del revés, con la cabeza en los pies de la cama. Despatarrada por completo. Acto seguido metí mi cabeza entre sus muslos. Con un ojo en el túnel del Cadí y otro en la tele.
- Oye, Pamela, ¿y esto a qué huele?.
- A Tulipán Negro, mi amoool. Bien limpico, tú sáaabe.
- Ah. Pues huele rico, oye.
Me quité las lentillas para que no sufrieran ningún accidente, las dejé en su cajita, y venga, vamos al negocio. Tras apartarle los labios con las dos manos como quién aparta el follaje en la selva empecé a trabajarle el clítoris. Digo clítoris por decirlo de algún modo, porque eso más que clítoris era una ciruela, vale. Pero no el hueso, no, que también, ojo, de lo rechupao que debía estar, yo hablo de la ciruela entera, no nos confundamos. Todo iba proporcionado. No era un potorro común. Por eso, en un principio, eché de menos mi GPS (que esto es otra movida que ya contaré) para orientarme dentro. Era un coño sin límite de altura para camiones, tú me entiendes lo que te digo. Con cambios de dirección, rotondas..., de todo. Exagerado.
Con el removerse del gustirrinín Pamela me aprisionaba la cabeza con sus muslos y no me enteraba muy bien de lo que estaba diciendo el mariquita gigante y calvo, el enemigo de los espartanos.
- Hazme el favor, reina mora, ábrete un poquito más de piernas porque me estoy ahogando con la calor que hace y luego resulta que tampoco escucho lo que dicen esos porque me tapas las orejas. Gracias, guapa.
Lo intentó, pero ahí había carne para que el de la Matanza de Texas hiciera kilos y kilos de morcillas y chorizos frescos para la barbacoa. Finalmente cuando se corrió, entre alaridos de placer y súplicas para que le metiera no sé qué, hice el gesto de apartarme para no morir ahogado, pero no fui ágil y acabé bautizado cristianamente.
- Abre la ventana, chocho loco -le dije, mientras me secaba la cabeza con una toalla.
- Aaaayyy, yo lo siento mucho mi amoool.
- No pasa nada, Pamela. Son gajes del oficio. Además se me había ido ya el efecto mojado de la gomina. ¿Tienes un peine, por cierto?. Así aprovecho.
- Papi, yo te decía que no hay ventáaaana.
- Apañaos estamos.
Me miraba con sus grandes ojos fijamente.
- ¿Qué te pasa?. Si es por las ventanas, no pasa nada que yo aguanto lo que haga falta. Ya lo has visto.
- ¿Papi, tú quiére que yo sea tu novia así como en Pretty Woman?
- ¿Pretty Woman? Pero es que la de Pretty Woman era de Cuenca, hija. ¿Tú sabes dónde está Cuenca?
- No.
- Bueno, es igual. Yo te lo explico. Mira, tú tienes que ponerte ahora como si se te hubiera caido un billete de 100 euros al suelo.
- Bueno, paaapi, ¿pero tú quiére que seámo nóvio?
(TO BE CONTINUED)
- Aaaaay, papiiito, solo tenémo esta habitación para nosóootro, mi amoool. Tiene el aire acondicionado estropeado, tú sábe. Espero que no te importe.
- No pasa nada, Pamela. Tú no te preocupes.
- Éeeere un duuuulce, chiiico. Voy un momentito al lavabo, ok.
- Aquí te espero, reina.
Me quedé en pelota picada y me eché en la cama. Crujió un muelle. Había un espejo enorme en el techo y una caja de condones encima de una mesita de noche. También el mando de la televisión. Conecto el cacharro esperando que salga alguna peli porno, para entrar en ambiente y eso, sabes, y en lugar de ello aparece en la pantalla un tío con barbas, vestido de romano o algo así, con muy mala leche, que coge y le mete un patadón a un negro bien vestido y lo tira a un pozo. Hostia, tú, esto me suena.
- Pamela!! - le digo -. ¿Cómo se le sube el volumen a la tele?
- Ya saaaalgo mi amooool.
Mira, nen..., cuando salió por la puerta del lavabo...
(Crom, dame fuerzas).
Todo ese conglomerado macizo de carne, embutido en un tanga blanco talla catapulta del Rey Saladino me miraba desde el dintel de la puerta. Con un sujetador transparente donde podrían columpiarse varios chiquillos a la vez que levantaba sus inabarcables mamas como por arte de magia. Me sacó la lengua lascivamente y se me puso el cipote como una longaniza imperial El Pozo. No, más aún: como un lomo ibérico embuchado de 5 kilos.
Hasta el Rey ese de las barbas, con su malafolla, en la pantalla, se giró para ver el espectáculo. No era para menos. Ella, a su vez, cuando vio mi pieza de charcutería en su máximo esplendor, abrió mucho los ojos y puso un "Oooooh, my God" silencioso en su boca de infernales labios (la belleza está en el interior, lo dicen mucho en La Bella y la Bestia). Le hice señas con la mano para que se pusiera a mi vera. Vino. Subió encima. La cama se hundió para dentro.
- Padrenuestroquestásenloscielosantificadoseatunom.. ..
- ¿Qué diiice páaaapi...?
- Bendigo los alimentos, Pamela.
Se reía mientras me acariciaba la verga con su mano en movimientos rítmicos y perfectamente acompasados. Apretando ligeramente.
- Llegados a estas alturas, hija, y como veo que estamos los dos así en plan sincero y cariñoso, quería decirte algo.
- Dime paaaapi.
- Yo tonto lo que se dice tonto, pues no lo soy, vale, pero resulta que yo no he tenido mucha suerte en el amor, Pamela, tú me entiendes. Me han hecho sufrir, me han engañado, y he soltado lágrimas en silencio muchas veces. Por eso, cuando ahí abajo me has tratado tan bien, tan cariñosa conmigo y con tanta educación, pues...., bueno, que no te voy a mentir si te digo que antes me había hecho alguna ilusión.
- Aaaaay, mi amooool...., tú no llore.
- Es que me emociono, Pamela.
- Éeeeere un niño bueeeeeno y me guuusta mucho.
- También quería decirte otra cosa.
- Diiiiiime.
- Me estás arañando el cipote con ese anillo tan gordo. De arriba a abajo.
Paró. Se quitó el anillo. Me cogió un dedo y, haciendo el gesto como si me lo fuera a poner, me dijo:
- Si tú quiére yo puedo ser tu mamiiiita - me dijo poniéndome un tetón encima -. Tu nóoovia, ¿sí?.
Sería todo lo reputón que fuera, pero tenía buen fondo. Siempre lo he dicho: lo cortés no quita lo valiente. Así que me sequé una lagrimilla y le dije:
- Hombre...., así a palo seco, no sé... Mira, hagamos una cosa, tú me vas haciendo, con tu permiso, eh, y con educación (esto siempre por delante), una limpieza de sable, vale, y yo me pienso lo otro. ¿Qué te parece?.
- Paaaapi, yo solo quiéro haceeeerte felí, cariño, ya tú sáabe.
Dicho esto se puso de rodillas en la cama. Posición succionadora. Los muelles chirriaron como un gato pisado. Cuando se metió media longaniza en la boca, del tirón, y me pegó el primer repaso, se me rizaron los pelos del culo.
- Con cuidaico, Pamela, con cuidaico, hija, que no hay prisa. Así, eso es. Muy bien, reina.
"Espartanoooooos!!!", decía el gachón en la tele; El de las barbas, con el pecho romano para fuera, sabes lo que te digo, no. Estaba calentando a la peña como si fueran a jugar la final de la Champions. Todos con las lanzas al aire. Como yo, vamos, más o menos. "La gloria os espera!!!!".
Ni que lo jures, nen, pensé.
- Pamela, despacito, hija. Uuuff.
Me estaba sacando la vida por el bujerillo del nabo. El ectoplasma, sabes (que es una palabra que aprendí cuando vi de chico los Cazafantasmas). Se metía todo el miembro en la boca. Desde la punta a los cojones. A una velocidad de crucero de unos 20-30 Kms/h. No había visto tanta hambre junta en años.
- Pamela...
- Quémmmmpasssa mmmmi ammmmooooool....
- Nada, nada malo. Ay, ay... Sigue, guapa, sigue. Que es que no veo muy bien la tele, vale.
Su gigantesco culo negro, en pompa, me tapaba un cacho de la pantalla.
- Ponte a un ladico. A ver si puede ser... Eso es, así. Que resulta que ahora se van a meter de hostias los espartanos estos en la playa con los de la calle de al lado, sabes. Uuuuuffff...., nena. Así, muy bien. No te muevas. Así. Ya está, perfecto. De puta madre. Mmmmmhh...., eres una fenómena.
Cogí el móvil de la mesita de noche y le grabé un vídeo furtivo mientras devoraba mi miembro, para la posteridad. En la tele los espartanos colocaditos con sus escudos, todos a una, en formación, vale, listos para repartir galletas. Qué cabrones. Ahora que esos que vienen por la playa..., al loro, eh, que no vienen a lucir modelito, sabes. Y anda que son pocos. Verás tú la que se lía. Y qué calor hacía allí dentro, por Dios.
- Ves con cuidadín, Pamela, que se mueve mucho la cama, hija, a ver si no resiste y nos vemos dando las buenas noches al piratón que teneis de camarero en la planta baja. Tú despacito, hermosa. Despacito. Eso es. Cojonudo. Des-pa-ci.... Cuidado...., cuidado, cuidado, cuidado, cuidado que....
Se me pusieron los ojos del revés y casi me desmayo. No dejó ni una gota. Me entró una flojera en las piernas que para qué. Me chirriaban los huesos de las rodillas. Me eché para atrás en la cama y me miré en el espejo del techo. Estaba pálido y tenía ojeras. Casi me quita la vida. Si es que con ese ritmo es imposible. Y mira que yo estoy viendo la peli, primero porque distraes la mente y así aguantas más el tirón, vale, y segundo porque es un peliculón de la hostia, sabes. Pero una limpieza así, eso no hay Cristo que lo aguante. Bueno..., Cristo en concreto igual sí. Y si no fíjate el calvario que pasó el tío.
Hostia puta, si me pega dos chupadas más me saca el líquido de la columna.
- Ay, paaapi, ¿tú estás bien?
- Vamos tirando. Pero mira, ponte tú ahora, eh, porque yo tengo un endebilitamiento muy importante, vale, y ya después si eso yo te cubro como Dios manda. Pero ahora, de momento, túmbate tú si eso, gorriona.
Se tumbó todo lo enorme que era y ocupó toda la cama, pero del revés, con la cabeza en los pies de la cama. Despatarrada por completo. Acto seguido metí mi cabeza entre sus muslos. Con un ojo en el túnel del Cadí y otro en la tele.
- Oye, Pamela, ¿y esto a qué huele?.
- A Tulipán Negro, mi amoool. Bien limpico, tú sáaabe.
- Ah. Pues huele rico, oye.
Me quité las lentillas para que no sufrieran ningún accidente, las dejé en su cajita, y venga, vamos al negocio. Tras apartarle los labios con las dos manos como quién aparta el follaje en la selva empecé a trabajarle el clítoris. Digo clítoris por decirlo de algún modo, porque eso más que clítoris era una ciruela, vale. Pero no el hueso, no, que también, ojo, de lo rechupao que debía estar, yo hablo de la ciruela entera, no nos confundamos. Todo iba proporcionado. No era un potorro común. Por eso, en un principio, eché de menos mi GPS (que esto es otra movida que ya contaré) para orientarme dentro. Era un coño sin límite de altura para camiones, tú me entiendes lo que te digo. Con cambios de dirección, rotondas..., de todo. Exagerado.
Con el removerse del gustirrinín Pamela me aprisionaba la cabeza con sus muslos y no me enteraba muy bien de lo que estaba diciendo el mariquita gigante y calvo, el enemigo de los espartanos.
- Hazme el favor, reina mora, ábrete un poquito más de piernas porque me estoy ahogando con la calor que hace y luego resulta que tampoco escucho lo que dicen esos porque me tapas las orejas. Gracias, guapa.
Lo intentó, pero ahí había carne para que el de la Matanza de Texas hiciera kilos y kilos de morcillas y chorizos frescos para la barbacoa. Finalmente cuando se corrió, entre alaridos de placer y súplicas para que le metiera no sé qué, hice el gesto de apartarme para no morir ahogado, pero no fui ágil y acabé bautizado cristianamente.
- Abre la ventana, chocho loco -le dije, mientras me secaba la cabeza con una toalla.
- Aaaayyy, yo lo siento mucho mi amoool.
- No pasa nada, Pamela. Son gajes del oficio. Además se me había ido ya el efecto mojado de la gomina. ¿Tienes un peine, por cierto?. Así aprovecho.
- Papi, yo te decía que no hay ventáaaana.
- Apañaos estamos.
Me miraba con sus grandes ojos fijamente.
- ¿Qué te pasa?. Si es por las ventanas, no pasa nada que yo aguanto lo que haga falta. Ya lo has visto.
- ¿Papi, tú quiére que yo sea tu novia así como en Pretty Woman?
- ¿Pretty Woman? Pero es que la de Pretty Woman era de Cuenca, hija. ¿Tú sabes dónde está Cuenca?
- No.
- Bueno, es igual. Yo te lo explico. Mira, tú tienes que ponerte ahora como si se te hubiera caido un billete de 100 euros al suelo.
- Bueno, paaapi, ¿pero tú quiére que seámo nóvio?
(TO BE CONTINUED)
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