Blogoteca 20 Minutos

viernes, 5 de febrero de 2010

The Diary of Patrice

Estaba en una habitación pequeñita, muy moderna, acristalada y con lucecitas, de superdiseño, así como si fuera el váter del Enterprise, vale. Hacía cinco minutos que un chico con unos auriculares grandes en la cabeza y unos papeles en la mano me dejó ahí sentadito, mirando el programa por un monitor. Hacía una calor sofocante y tenía en mi cuerpo una sensación de ahogo horrorosa. Una cosa rara, no sé.

- Nuestro siguiente invitado viene de Barcelona. Tiene 38 años a punto de cumplir 39. Le gustan los boquerones en vinagre, está soltero y además es todo un experto en cine de terror. Un fuerte aplauso para Juan Francisco!!.

Entonces todo el mundo se puso a apladir, sabes lo que te digo, y el chaval de los auriculares asomó la cabeza por un lado y me dijo "corre, pasa, pasa, que ahora entras tú". Así que cogí y entré por la puerta de cristal.

Había mogollón de peña aplaudiéndome y yo no sabía a ciencia cierta o difusa qué coño había hecho yo para que me aplaudieran, pero bueno, que yo a mi aire pasé por delante de la pareja de viejos del principio del programa que decían que follaban 1 vez al día, justo antes de la telenovela, del mariquita que lloró porque su novio lo había dejado por una rubiaca del quince y de la puretona lasciva que celebraba su 25 aniversario de profesión haciendo, según ella, mamadas gratis durante una semana (para mí que era prostituta o algo así) y fui a sentarme al final. Entonces la presentadora se dirigió a mí.

- Juan Francisco, bienvenido. No, ahí no, Juan Francisco. Siéntate en el sillón rojo, por favor. Eso es. Ahí, perfecto, gracias.
- Las que tú tienes, hermosa. Muchas gracias. Hola, buenas tardes. Hola a todo el mundo. Muchas gracias.

Me senté finalmente donde me dijo, justo al lado de una chica muy gorda muy gorda muy gorda que iba vestida de novia de arriba a abajo con kilómetros de tul y gasa y que ocupaba ella sola un sofalito amarillo de tres plazas. No se le veía la cara porque tenía un velo de aproximadamente un metro cuadrado. Sus carnes amenazaban con reventar las costuras y se plegaban unas sobre otras, por debajo de la tela, como si fuera el muñeco ese de los neumáticos Michelín.

- Bueno, Juan Francisco, ¿qué tal estás??. Me dicen que....
- Perdone usted, señorita Patricia - yo siempre con educación porque estaba en la tele, sabes, y me estaba viendo mucha gente-, pero es que a mí todo el mundo me llama Chumoski. Así que usted Chumoski, con confianza, usted me entiende. Estamos entre amigos. Usted Chumoski, por favor. Y además, ya que estamos puestos, deje que le diga que está usted mucho más buena al natural, sabe lo que le digo, no. Así chiquitita, vale,  pero que sí, que está muy buena. Y otra cosa: que yo no vengo de Barcelona. Yo soy de Santa Coloma de Gramanet.
La cabrona se reía.
- Bueno, pues Chumoski. ¿Pero tú te llamas Juan Francisco, nó?.
- Sí. Pero todo el mundo me conoce como Chumoski. Hay que ver qué salá y que estupenda estás, Patricia. Que no me entere yo que ese culín pasa hambre, eh - le dije haciéndole así un guiño con el ojo, tú sabes.

Se reía más todavía y yo pensaba para mis adentros "tú ríete pero como te coja luego en el bak-esteish ese cuando den los anuncios te vas a enterar". Qué calor hacía, por Dios. Qué sudores.

- Chumoski. ¿Has visto muchas películas de miedo a lo largo de tu vida?.
- ¿Yo?, todas. Empecé de chico viendo Historias para no Dormir y luego también Mis Terrores Favoritos, sabe. Luego con el UveHacheSe veíamos las pelis de miedo en las aceras de fuera de los bares, tú me entiendes, de cuando ponían en los bares las películas alquiladas de los videoclubs, no sé yo si usted se acuerda. Yo he visto mucho, Srta. Patricia. Mucho.
- ¿Y no tenías miedo luego por las noches?. Porque siendo tan pequeño....
- Buenooooo.... muchísimo. Me meaba vivo por las noches, sabes lo que te digo. Pero no podía levantarme a mear porque no había huevos para hacerlo, vale. Tenía unos sudores en Verano que lo flipas. Todas las mañanas me levantaba con el frenazo en los gayumbos. Todas. Del acojone que pasaba, Srta. Patricia. Pero luego las veía todas igualmente.
- Muy bien. ¿Y cual es tu película favorita?.
- Hombre, pues muchas. Tengo muchas.

Yo no sé porqué, pero mientras la gente parecía estar muy tranquilita y pasándoselo bien, yo seguía teniendo una calorina y un malestar por todo el cuerpo todo el rato que alucinas. Y sin un Klines a mano para secarme. Pero bueno, la Patricia estaba muy buena y en principio yo no veía nada raro en el ambiente.

- Por ejemplo todas las del caracuero con la motosierra, vale. Pero cuidadito: las antiguas, eh. Esas son las buenas. Las de Tob Jóper. Y también "Posesión Infernal", todas las de Fredi Kruguer, no sé..., pero que bueno, que mi favorita favorita de siempre es "El Exorcista".
- ¿Esa es la de la niña poseida, verdad? -me dijo-. ¿Qué miedo, nó?
- Sí, señora. Mucho miedo. Sobretodo cuando baja por las escaleras del revés así como Spiderman. Y también cuando se le ponen los ojos como al Josemari cuando le pega dos caladas a un porro de polen.
- Hablando de niñas, Chumoski...., pero de niñas más creciditas, eh. ¿Tú tienes alguna niña en tu vida que te haga tilín?.
- Pues va a ser que no. No tengo novia.

Entonces el público al completo, a coro, pronunció un "OOOOOOOOOOOOOHHHHH!!!!!" muy largo, así como de pena, vale, y yo los miré a todos pensando "qué coño le pasa esta gente, nen?" "están gilipollas o qué?".

- ¿No tienes ninguna amiguita especial que tú recuerdes ahora mismo?.
- Hombre, mi vecina la Rosario. Pero no es mi novia.
- No. Yo me refiero a alguien con quien pudieras tener contacto por otros medios, otras tecnologías más modernas. Alguien que te guste. Con quien tengas un trato un poquito más especial.
- Hombreeeee..., pues a ver..., hay una chica muy maja que conozco yo por Internet, vale, que me tiene un poquito enamorao. Pero oye, Patricia, que a ver qué pasa, que yo he venido aquí para hablar de las películas de miedo, sabes, ver a qué viene todo esto ahora, reina.

Le gente se rió a carcajadas. También la Patricia. Yo alucinaba en colorines y empezaba a removerme en el sillón así como un poquito tenso ya, tú sabes lo que te digo. Todavía me voy a levantar y le voy a meter dos galletas al pablito ese de la primera fila.

- Pues ésto viene, Chumoski, a que a tí en realidad te han traido aquí un poquitín engañado, y que en realidad, pues....

- ¿En realidad qué? -la corté rapidito, sabes-. Mira una cosa que te voy a decir, Patricia..., voy a coger y me voy a poner a repartir yoyas ya mismo. Esa va a ser la realidad, tú me entiendes, no. Y me voy a cagar en el Josemari, que seguro que ha sido el mamón que me ha traido aquí na más que para comerse un bocadillo reseco de chorizo y salir por la tele.
- No te enfades, Juan Francisco. No te enfades que ha sido con toda la buena voluntad del mundo. A ver, dime cómo se llama esa chica "especial".
- Pues mira, se llama Mia. Igual que la Mia Farrou y encima vive bastante lejos de aquí, así que ve cortando el moco Patricia que me estoy atacando un poquito ya con tanta historia, vale.

Cuando dije eso todo el público que estaba sentado empezó a hacer UUUUUUUUUHHHH, UUUUUUUUUUHHH!!!!!. También uno de Prosegur que había a un lado, poniendo las manos como un altavoz. Yo me los miraba así como diciendo "me voy a empezar a acodarme de vuestras madres de todos vosotros juntos, eh!!!".

Estaba sudando como un pollo.

- Bueno, no nos pongamos nerviosos. ¿Y te gusta? ¿Os llevais bien?. Cuéntame.
- No me va a gustar... Es una morenaza con unas patas y unos muslos y un culo que está que te cagas (con perdón, Patricia). Una chica muy limpia y cariñosa. O sea, a ver, que tú también, vale, pero es que la Mia es harina de otra postal.
- De otro costal, Chumoski.
- ¿Cómo dices?
- Que se dice harina de otro costal.
- Bueno, mira, se dice harina de lo que me salga a mí de los cojones, ¿estamos?, y tú me vas a disculpar si me pongo brusco pero es que hace mucha calor aquí y estoy ya un poquito rayao.

UUUUUUUUUUUHHH!!!! UUUUUUUUUUUUUHHH!!!!

- Tú verás como al final alguien se lleva un pescozón...
- Chumoski.
- Dime.
- Vamos a ver... ¿Y si te digo que Mia está aquí, que ha venido desde muy lejos, desde el Reino de Muy Muy Lejano para conocerte por fín en persona, todo gracias a tu amigo Josemari?

Me quedé callado. Con los sudores fríos en la frente y unos goterones cayéndome por las sienes de esos gordos como los que salen en los dibujos del Son Goku cuando se da una circunstancia comprometida. "El Reino de Muy Muy Lejano...??". ¿De qué coño me suena a mí eso?. Esto es raro, raro, raro de cojones, eh. Tengo mucha sed. Me estoy deshidratando.

- Hombre, pues yo no sé bien qué decir, de verdad que no. De momento si me trajeras un cubatita dios te lo pague, porque desde luego me has dejado la boca seca, hija. También me vale un anís con menta. Que no es alcoholismo, ojo, que es para los nervios.

La Patricia se reía. Me trajeron el anís con menta. Fue pedirlo y al momento vino un azafato con las pestañas rizadas para arriba (serán postizas, pensé) a servírmelo en una bandeja.

- ¿Y si te digo que has estado sentado a su lado todo el rato, Chumoski?
- Perdona, Patricia, pero no te entiendo. ¿Qué me estás contando?
- Mira a tu izquierda – me dijo. Yo miré y no vi a Mia por ningún lado.
- No, Juan Francisco. A tu izquierda. Eso es la derecha.

Miré otra vez y tampoco vi a Mia por ningún sitio. Solo estaba la madre de Moby Dick vestida de novia con un velo de metro cuadrado de tela tapándole la cara. La sensación de sofoco apretaba. Me estaba ahogando. Me sentía jodido de verdad de la buena. Los sudores de Son Goku. El Josemari que me engaña y me trae a la tele. El público na más que pendiente de mí, mirándome y echándome la bulla. Y la Patricia que se va para una cámara y empieza: ¿Eres un maricón de mierda por puro vicio sexual y tu sueño es ducharte con el Cuerpo de Bomberos de tu localidad?. ¿Le mientes a tu madre y sigues drogándote con Ariel automática? ¿Piensas que no es suficiente con arrimarte a tu prima para conseguir que ella se fiije en tí y te haga una felación antológica? ¿Haces muñequitos con la cera de tus oídos y luego te masturbas recreando escenas eróticas? Llama al 666.66.66.66 y cuéntanos tu historia.

Pero... ¿Pero aquí que está pasando? ¿Qué esto? ¿Qué coño hago aquí?

- Oye, Patricia, ¿dónde está la Mia?

Entonces la chica-cosa vestida de novia que estaba a mi lado se puso de pie. El vestido apretado como las tuercas de un submarino. Una grandiosa montaña de carne blanca coronada por una cabeza como una sandía de 10 kilos. Se puso delante de mí y se levantó el velo. Era un monstruo. Su sonrisa tenía hiperventilación (le faltaban varias piezas dentales) y estaba perfilada por un pintalabios de color rojo pasión con brillo. Sus ojos eran dos botones cosidos con cordones de zapatos. Su nariz asomaba pelos, muchos pelos. Solo tenía una ceja, de sien a sien. Una gran ceja peluda. Era una enooorme pesadilla viviente que se venía derechita para mí.

- Eh, eh, eh... tranquilica, dónde vas tan deprisa...
- Soy Mia, cariño. Y estoy aquí para pedirte en matrimonio - sacó del refajo una cajita, la abrió y me mostró un donete rayado; de los de chocolate blanco por fuera -. Quiero hacerte feliz. Te amo, cariño. Yo soy Mia. La de verdad. Estoy locamente enamorada de tí y quiero vivir contigo para siempre.
- Sí, hombre, y una mierda que te comas. Patricia, mira lo que dice esta, joder.

La Patricia estaba en suelo partiéndose la caja. El público se tronchaba. Nadie me hacía caso. Nadie me ayudaba.

- Quiero que me hagas tuya.
- Y una polla como una olla. Antes muerto. Que te lo haga otro, so cabrona. Tú no eres Mia.

La gente se reía como loca nen. Todos. Yo quería morirme. Los viejos que estaban invitados en primer lugar, echados uno encima del otro echando un kiki tres sillones más para allá. El mariquita bailando mákina desbocado, sobándose con el de Prosegur. La música a toda hostia. La puretona lasciva haciendo felaciones a dos manos (verás tú como la vea el marido por la tele). Dios mío de mi vida. Y la gorda cogiéndome de la manga del jersey.

- Que me sueltes, demonio. Que tú no eres Mia, hostia. SUÉLTAME, BICHO!!.
-VEEEEEN......

(Chumoski...)

(Chumoski..., cariño....)

- TÚ NO ERES MIA!! VETE, SATANÁS!!. VETE, MONSTRUO. ALÉJATE DE MÍ TE LO ORDENO EN EL NOMBRE DE LA VÍRGEN DEL CARMEN. VETE, BICHO. TÚ NO ERES MIA. ERES UNA MENTIRA DE LUCIFER. EN EL NOMBRE DEL SEÑOR TE LO ORDENO.

(CHUMOSKI....)

- FOOOOOOOLLA-MEEE....
- ....PORQUE EL SEÑOR ESTÁ CONMIGO Y CAMINA A MI LADO. YO TE MANDO, DEMONIO, QUE REVIENTES COMO UN ZIQUITRAQUE....
- CHUMOSKI, POR DIOS, DESPIERTA!!!. Despierta. Que ya sé que no soy tuya, padre, que ya lo sé aunque hace un ratillo bien que me decías lo contrario, canalla. Te voy a hacer mía esta noche. Y ahora mira. Ay, qué hombre este!!. Estás chorreando!!!

Era la Rosario, tumbada a mi lado en la cama. Hacía cara de preocupación y me secaba la frente con un pañuelo.

- Rosario, qué sueño más malo, hija. Era de verdad.
- Ya te dije que no es bueno hincharse de morcilla por la noche, Chumoski. Que se hace muy pesada. Y has cogido y te has comido media ristra con una barra de pan.
- Es que la de cebolla ya sabes que me gusta mucho. Me alegro de verte sana y salva, Rosario.
- Qué cosas tienes, Chumi. ¿Te encuentras mejor, padre? Has tenido que despertar a media escalera.
- Sí. Ahora sí. Ya estoy mejor.

Me enterró entre sus cantaros de miel con cariño mientras me acariciaba el pelo y me susurraba...:
- Ya ha pasado, padre. Ya ha pasado.

 
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La amargura.

- ¿Una broma? Me cago en tus muertos, bastardo de mierda. Esto es la vida real. MI-JODIDA-VIDA-REAL, CABRÓN. ¿Me entiendes?. Mi amargura, hijo de la gran puta. Y ahora..., ahora te voy a pegar un tiro en el estómago, voy a coger aquella silla de madera que ves en la esquina, me voy a sentar delante de tí, y voy a ver cómo te mueres poco a poco cabrón hijo de perra. Pero antes... - hizo un amago de sonrisa cuando le enseñó el cuchillo - Antes quiero escucharte gritar como un cerdo. Y sabe Dios que lo vas a hacer.

- Yo no he hecho nada, se lo juro, se lo prometo, por lo más sagrado, por favor, debe creerme, por favor, por el amor de Dios. Yo no he hecho nada, por favor se lo pido.

Hacía ya un rato, tras el primer golpe, el cual le rompió la nariz, que el chico no había podido evitar que su vejiga desoyera las instrucciones del ordenador central. Ahora, con los pantalones empapados, además de un terror incontrolable y espasmódico, empezaba a sentir frío.

Un año antes.
Uno ve las desgracias ajenas por televisión, desde la distancia, desde la comodidad de tu sofá, desapariciones, abusos, violaciones, muertes, horrores infinitos, y, aunque cierto grado de indignación siempre aflora (porque todavía no estás lo suficientemente abotargado), nunca puedes hacerte a la idea del dolor que sienten tus semejantes tras esa puta pantalla de mierda. Nunca. Ves lágrimas catódicas, también lamentos e impotencia, día tras día, y aún y todo nunca podrás entender bien el guión de la película. Tú crees que sí. "Pobre hombre". "Pobre mujer". Lo típico. Pero no. No, no, no, no señor. Al menos no hasta que te manden una copia a tu casa para que lo leas de cabo a rabo, memorices hasta las comas y los puntos, y entonces, y solo entonces, averigües en tus carnes dónde está el límite de tu capacidad para soportar tanto sufrimiento. O lo que es peor, averigüar que no tienes límite, que es lo que en realidad sucede.


- Vaya a casa con su mujer, por favor. Descanse, lo necesita. Déjenos hacer nuestro trabajo. Confíe. Estamos trabajando en el caso las 24 horas del día. Le prometo que vamos a encontrar al culpable.

Le cortó todos los dedos de las manos. Uno a uno y tomándose su tiempo. Sin alterarse lo más mínimo y sin importunarle un ápice los tremendos berridos que el muchacho dejaba ir a cada cercenamiento, con el cuello hinchado y los ojos vueltos hacia atrás, buscando una inconsciencia que no llegaba.
- ... que yo no he hecho nada, por favor.... Se lo suplico....
- Hijo de puta.
Le rebanó una oreja de cuajo.

Hace 1 semana.
Estaba sentado en la barra tomando una cerveza cuando apareció el contacto. Un chaval menudo y deshuesado que se abrió paso entre la chusma cojeando visiblemente de una pierna. Quizá una malformación, quizá algo congénito. ¿Y qué más da, joder?
- Mire usted, yo no quiero aparecer por ningún lado, ¿estamos?. Yo le digo esto, de buena fe, y porque me sabe fatal lo que están haciendo con usted, pero luego no quiero lío alguno.
- Dame el nombre y el domicilio, toma el dinero, y no me verás más. A no ser que abras la boca. Si abres la boca luego volveré a por tí, basura de mierda, que eso es lo que sois todos, puta basura de mierda.

- ¿Por qué hace esto...? - balbuceó el chico a duras penas, entre los pocos dientes que se mantenían en su sitio -. ¿Por qué yo? ¿Qué he hecho? Por-faaa-voooor.....
Estaba atado a un silla frente a una mesa. Sus dedos amputados, todos dispuestos delante de él, encima. Bajo la silla el charco de sangre se extendía aquí y allá por el suelo de cemento.
- ¿Cómo puedes ser tan hijo de puta aún en estos momentos? ¿Te crees que todavía puedes hacerte el listo? ¿Conmigo, cabrón?
Le rebanó la otra oreja. El chico aulló. El móvil del hombre empezó a sonar.

Hace 6 meses.
- Te vas a acordar de mí, so payaso - el muchacho se retiraba cojeando por la acera, ayudándose de la pared. Había recibido una buena tunda a manos de un listillo que le sacaba cabeza y media y buena parte de anchura corporal. Tenía todas las de perder.
- Cállate la boca no sea que todavía te tengas que ir pa tu casa en silla de ruedas, tontolaba - le amenazó el listillo con el dedo.
- Te vas a acordar, hijo de puta. Dame lo que me debes que te vas a meter en un lío, gilipollas.
- Lárgate, so mierda, que te meto otra vez.

Le pegó un tiro en el estómago. Pero no a bocajarro sino desde cierta distancia. Quería verlo sufrir. Quería verlo llorar. Quería verlo humillado, despojado de humanidad. Quería verlo como las ratas. Abandonado a su suerte, impotente, incapaz. Quería verlo convertido en una miseria. Quería que se supiera víctima indefensa. Como su hija. El chaval se dobló sobre la silla todo lo alto que era y el hombre entonces le desató y lo dejó caer sobre su propia sangre y orina. Asomaba la tripa por el orificio. Pero el correctivo había sido ciertamente excesivo y a estas alturas el chico, a pesar de su corpulencia, no pudo soportar más inclemencias y tras un par de minutos de estertores y gruñidos y la consabida relajación de esfínter, murió.

Cogió finalmente el teléfono. Lo abrió.
- Miguel!!!
- Dime, cariño.
- Que lo han cogido, Miguel!!. Lo han cogido hace 10 minutos en la puerta de su casa. Me ha dicho el Inspector que tienen el ADN, que ha dado positivo y que la fiabilidad es del 99%. Que no hay defensa para eso. Es él. Lo llevan ya al calabozo. Que hasta que no han tenido la absoluta seguridad con los resultados en la mano no han decidido actuar. Que sí, que esta vez sí, que no tiene escapatoria alguna, Miguel. Que ya lo tienen.