Blogoteca 20 Minutos

lunes, 1 de marzo de 2010

Noche de Fiesta. (Cap. 4)

Arriba había un largo pasillo lleno de puertas a ambos lados. Me metió por una de ellas a una habitación donde hacía mucha calor.

- Aaaaay, papiiito, solo tenémo esta habitación para nosóootro, mi amoool. Tiene el aire acondicionado estropeado, tú sábe. Espero que no te importe.
- No pasa nada, Pamela. Tú no te preocupes.
- Éeeere un duuuulce, chiiico. Voy un momentito al lavabo, ok.
- Aquí te espero, reina.

Me quedé en pelota picada y me eché en la cama. Crujió un muelle. Había un espejo enorme en el techo y una caja de condones encima de una mesita de noche. También el mando de la televisión. Conecto el cacharro esperando que salga alguna peli porno, para entrar en ambiente y eso, sabes, y en lugar de ello aparece en la pantalla un tío con barbas, vestido de romano o algo así, con muy mala leche, que coge y le mete un patadón a un negro bien vestido y lo tira a un pozo. Hostia, tú, esto me suena.

- Pamela!! - le digo -. ¿Cómo se le sube el volumen a la tele?
- Ya saaaalgo mi amooool.

Mira, nen..., cuando salió por la puerta del lavabo...

(Crom, dame fuerzas).
Todo ese conglomerado macizo de carne, embutido en un tanga blanco talla catapulta del Rey Saladino me miraba desde el dintel de la puerta. Con un sujetador transparente donde podrían columpiarse varios chiquillos a la vez que levantaba sus inabarcables mamas como por arte de magia. Me sacó la lengua lascivamente y se me puso el cipote como una longaniza imperial El Pozo. No, más aún: como un lomo ibérico embuchado de 5 kilos.
Hasta el Rey ese de las barbas, con su malafolla, en la pantalla, se giró para ver el espectáculo. No era para menos. Ella, a su vez, cuando vio mi pieza de charcutería en su máximo esplendor, abrió mucho los ojos y puso un "Oooooh, my God" silencioso en su boca de infernales labios (la belleza está en el interior, lo dicen mucho en La Bella y la Bestia). Le hice señas con la mano para que se pusiera a mi vera. Vino. Subió encima. La cama se hundió para dentro.

- Padrenuestroquestásenloscielosantificadoseatunom.. ..
- ¿Qué diiice páaaapi...?
- Bendigo los alimentos, Pamela.

Se reía mientras me acariciaba la verga con su mano en movimientos rítmicos y perfectamente acompasados. Apretando ligeramente.

- Llegados a estas alturas, hija, y como veo que estamos los dos así en plan sincero y cariñoso, quería decirte algo.
- Dime paaaapi.
- Yo tonto lo que se dice tonto, pues no lo soy, vale, pero resulta que yo no he tenido mucha suerte en el amor, Pamela, tú me entiendes. Me han hecho sufrir, me han engañado, y he soltado lágrimas en silencio muchas veces. Por eso, cuando ahí abajo me has tratado tan bien, tan cariñosa conmigo y con tanta educación, pues...., bueno, que no te voy a mentir si te digo que antes me había hecho alguna ilusión.
- Aaaaay, mi amooool...., tú no llore.
- Es que me emociono, Pamela.
- Éeeeere un niño bueeeeeno y me guuusta mucho.
- También quería decirte otra cosa.
- Diiiiiime.
- Me estás arañando el cipote con ese anillo tan gordo. De arriba a abajo.

Paró. Se quitó el anillo. Me cogió un dedo y, haciendo el gesto como si me lo fuera a poner, me dijo:
- Si tú quiére yo puedo ser tu mamiiiita - me dijo poniéndome un tetón encima -. Tu nóoovia, ¿sí?.

Sería todo lo reputón que fuera, pero tenía buen fondo. Siempre lo he dicho: lo cortés no quita lo valiente. Así que me sequé una lagrimilla y le dije:

- Hombre...., así a palo seco, no sé... Mira, hagamos una cosa, tú me vas haciendo, con tu permiso, eh, y con educación (esto siempre por delante), una limpieza de sable, vale, y yo me pienso lo otro. ¿Qué te parece?.
- Paaaapi, yo solo quiéro haceeeerte felí, cariño, ya tú sáabe.

Dicho esto se puso de rodillas en la cama. Posición succionadora. Los muelles chirriaron como un gato pisado. Cuando se metió media longaniza en la boca, del tirón, y me pegó el primer repaso, se me rizaron los pelos del culo.

- Con cuidaico, Pamela, con cuidaico, hija, que no hay prisa. Así, eso es. Muy bien, reina.

"Espartanoooooos!!!", decía el gachón en la tele; El de las barbas, con el pecho romano para fuera, sabes lo que te digo, no. Estaba calentando a la peña como si fueran a jugar la final de la Champions. Todos con las lanzas al aire. Como yo, vamos, más o menos. "La gloria os espera!!!!".
Ni que lo jures, nen, pensé.

- Pamela, despacito, hija. Uuuff.

Me estaba sacando la vida por el bujerillo del nabo. El ectoplasma, sabes (que es una palabra que aprendí cuando vi de chico los Cazafantasmas). Se metía todo el miembro en la boca. Desde la punta a los cojones. A una velocidad de crucero de unos 20-30 Kms/h. No había visto tanta hambre junta en años.

- Pamela...
- Quémmmmpasssa mmmmi ammmmooooool....
- Nada, nada malo. Ay, ay... Sigue, guapa, sigue. Que es que no veo muy bien la tele, vale.

Su gigantesco culo negro, en pompa, me tapaba un cacho de la pantalla.

- Ponte a un ladico. A ver si puede ser... Eso es, así. Que resulta que ahora se van a meter de hostias los espartanos estos en la playa con los de la calle de al lado, sabes. Uuuuuffff...., nena. Así, muy bien. No te muevas. Así. Ya está, perfecto. De puta madre. Mmmmmhh...., eres una fenómena.

Cogí el móvil de la mesita de noche y le grabé un vídeo furtivo mientras devoraba mi miembro, para la posteridad. En la tele los espartanos colocaditos con sus escudos, todos a una, en formación, vale, listos para repartir galletas. Qué cabrones. Ahora que esos que vienen por la playa..., al loro, eh, que no vienen a lucir modelito, sabes. Y anda que son pocos. Verás tú la que se lía. Y qué calor hacía allí dentro, por Dios.

- Ves con cuidadín, Pamela, que se mueve mucho la cama, hija, a ver si no resiste y nos vemos dando las buenas noches al piratón que teneis de camarero en la planta baja. Tú despacito, hermosa. Despacito. Eso es. Cojonudo. Des-pa-ci.... Cuidado...., cuidado, cuidado, cuidado, cuidado que....

Se me pusieron los ojos del revés y casi me desmayo. No dejó ni una gota. Me entró una flojera en las piernas que para qué. Me chirriaban los huesos de las rodillas. Me eché para atrás en la cama y me miré en el espejo del techo. Estaba pálido y tenía ojeras. Casi me quita la vida. Si es que con ese ritmo es imposible. Y mira que yo estoy viendo la peli, primero porque distraes la mente y así aguantas más el tirón, vale, y segundo porque es un peliculón de la hostia, sabes. Pero una limpieza así, eso no hay Cristo que lo aguante. Bueno..., Cristo en concreto igual sí. Y si no fíjate el calvario que pasó el tío.
Hostia puta, si me pega dos chupadas más me saca el líquido de la columna.

- Ay, paaapi, ¿tú estás bien?
- Vamos tirando. Pero mira, ponte tú ahora, eh, porque yo tengo un endebilitamiento muy importante, vale, y ya después si eso yo te cubro como Dios manda. Pero ahora, de momento, túmbate tú si eso, gorriona.

Se tumbó todo lo enorme que era y ocupó toda la cama, pero del revés, con la cabeza en los pies de la cama. Despatarrada por completo. Acto seguido metí mi cabeza entre sus muslos. Con un ojo en el túnel del Cadí y otro en la tele.

- Oye, Pamela, ¿y esto a qué huele?.
- A Tulipán Negro, mi amoool. Bien limpico, tú sáaabe.
- Ah. Pues huele rico, oye.

Me quité las lentillas para que no sufrieran ningún accidente, las dejé en su cajita, y venga, vamos al negocio. Tras apartarle los labios con las dos manos como quién aparta el follaje en la selva empecé a trabajarle el clítoris. Digo clítoris por decirlo de algún modo, porque eso más que clítoris era una ciruela, vale. Pero no el hueso, no, que también, ojo, de lo rechupao que debía estar, yo hablo de la ciruela entera, no nos confundamos. Todo iba proporcionado. No era un potorro común. Por eso, en un principio, eché de menos mi GPS (que esto es otra movida que ya contaré) para orientarme dentro. Era un coño sin límite de altura para camiones, tú me entiendes lo que te digo. Con cambios de dirección, rotondas..., de todo. Exagerado.
Con el removerse del gustirrinín Pamela me aprisionaba la cabeza con sus muslos y no me enteraba muy bien de lo que estaba diciendo el mariquita gigante y calvo, el enemigo de los espartanos.

- Hazme el favor, reina mora, ábrete un poquito más de piernas porque me estoy ahogando con la calor que hace y luego resulta que tampoco escucho lo que dicen esos porque me tapas las orejas. Gracias, guapa.

Lo intentó, pero ahí había carne para que el de la Matanza de Texas hiciera kilos y kilos de morcillas y chorizos frescos para la barbacoa. Finalmente cuando se corrió, entre alaridos de placer y súplicas para que le metiera no sé qué, hice el gesto de apartarme para no morir ahogado, pero no fui ágil y acabé bautizado cristianamente.

- Abre la ventana, chocho loco -le dije, mientras me secaba la cabeza con una toalla.
- Aaaayyy, yo lo siento mucho mi amoool.
- No pasa nada, Pamela. Son gajes del oficio. Además se me había ido ya el efecto mojado de la gomina. ¿Tienes un peine, por cierto?. Así aprovecho.
- Papi, yo te decía que no hay ventáaaana.
- Apañaos estamos.

Me miraba con sus grandes ojos fijamente.
- ¿Qué te pasa?. Si es por las ventanas, no pasa nada que yo aguanto lo que haga falta. Ya lo has visto.
- ¿Papi, tú quiére que yo sea tu novia así como en Pretty Woman?
- ¿Pretty Woman? Pero es que la de Pretty Woman era de Cuenca, hija. ¿Tú sabes dónde está Cuenca?
- No.
- Bueno, es igual. Yo te lo explico. Mira, tú tienes que ponerte ahora como si se te hubiera caido un billete de 100 euros al suelo.
- Bueno, paaapi, ¿pero tú quiére que seámo nóvio?

(TO BE CONTINUED)

jueves, 25 de febrero de 2010

Noche de Fiesta. (Cap. 3)

El Jose Luís desapareció detrás de una cortina llena de mierda con la rubia delgaducha. El Tirilla estaba detrás de un macetón muy grande, sentado al lado de una chavala que tenía la cabeza entre sus piernas y la movía como si...., bueno, no sé cómo explicarlo... A ver, que yo no quise pensar mal y ustedes me van a perdonar la grosería, vale, pero que vamos, que así a bote pronto parecía como si le estuviera comiendo el rabo (con perdón de la expresión). Y con devoción y respeto ademas, cuidao. Una cosa muy fina, oye. La cuestión es que al Tirilla se le veía tras el macetón, el gintónic en una mano y el Marlboro en la otra, una cara de felicidad que para qué, sabes. Luego, el Albertico, con otra jamona con las piernas llenas de varices y las tetas cada una mirando para un punto cardinal distinto, se subió escaleras arriba. Otro que triunfa. Y por último el Davilín, bailando con mucho estilo, cubata en mano sin derramar una sola gota (como tiene que ser, ojo), con dos hembras que cada vez que se agachaban un poco se les veía el Big Mac, tú me entiendes.

Yo a esas alturas no estaba seguro del todo, pero como discoteca desde luego se me antojaba que era un poco rarita, vale. Qué lástima no haber conocido un sitio así de cuando era más jóven y tenía melena. Con unas chicas tan simpáticas.

- Oooooye, papi, ¿tú quiére que nosoootro nos subáaaamo a un sitio más romantico mi amooool.
- Mujer, yo no quisiera molestar.
- Noooo, mi amooool, para nada tú sábe. Si tú quiére yo esta noooche soy toooda tuuuya. Mira, papi, ¿no te gusta mi cueeelpo?.

Acto seguido se sacó un tetón para fuera del sujetador. Su gigantesco pecho, libre sin ataduras encosertadas, me miraba con un pezón como un pitorro para hinchar colchonetas de playa, rodeado de una circunferencia del tamaño de una torta de aceite bañada en Cola-Cao. Me coge la mano con un ágil y veloz movimiento ("esto es Aikido, sin duda alguna", pensé al instante) y se la pone, primero en la torta de aceite chocolateada tamaño familiar, y luego en todo el mojino. Toda para dentro, hasta el reloj. Fue en ese preciso momento cuando supe que yo tenía razón: esta muchacha no llevaba bragas. Pero que bueno, que no pasa nada, joder. Todo el mundo tiene derecho a ir por el mundo como le salga de los cojones. Hombres y mujeres.

Temí al principio por la integridad de mi mano. Y luego, por el reloj, el cual también había perdido de vista y me había costado un pastón en Canarias. En mi vida había visto cosa igual y en ese momento no había nadie cerca de confianza que me asegurara que no estaba ante un coño caníbal. Me inquieté un poco, pues no conozco todas las costumbres de todos los paises extranjeros, joder. Eso sí, el cipote se me puso como la lanza del Rey Arturo, a saber: larga, dura y acabada en punta. Y sin ayudas artificiales, ojo. Se me notaba mucho y no pude evitar ponerme como un tomate. Ella al momento se percató del asunto y, con una expresión maternal ("qué vergüenza, Chumoski!!!") coge, y con otro rápido movimiento de Aikido (pudiera ser Jeet Kune Do, incluso) me echa mano al paquete (paquetón en mi caso aunque esté mal que lo diga), y me dice así muy suave, con ese acento con el que ella hablaba:

- Aaaaay paaaapi, pero qué maravilla tiéne tú entre las pierna. Tú no te vá a il sin dejarme probal esto, ¿verdá mi amoool?.
- Oye, Pamela...
- Dime, paaapi.
- Tú no serás caníbal, ¿no?.
- ¿Cómo diiiice paaaapi? Ay, yo no te entieeeendo, guaapo.
- Nada, es igual, cosas mías, reina. Camarero!!! La cuenta, hazme el favor. El agua de la señorita y mi cubata.

Y viene el tío dejando un rastro de Súper sin Plomo detrás de la barra y me dice: "son 50 euros, caballero".

- ¿Cincuenta qué?. Cincuenta estofados de ternera con papas es lo que te tienes tú que comer todos los días para ver si te sale aunque sea una poca de pelusilla en el pecho. Haz el favor y déjate de cachondeo, hombre. Cuánto es la cuenta, va. Tenemos un cubata y una Vichy.

- Son 50 euros, caballero.
- Pero vamos a ver qué me estás contando, muchacho!!

Justo cuando ya estaba yo empezando a sacar los dientes para fuera y poner los ojos del revés como los tiburones blancos, se me acercaron tres primos de King Kong.
Gorilones = 100 kilos x 3. Chumoski = 67 kilos x 1.
Conclusión:

- No se preocupen ustedes, que ha sido un malentendido, señores, así que venga, que corra el aire no sea que al final tengamos un problema.

La actitud es fundamental en estas situaciones. Hay que mantenerse firme. Con dos cojones.

- No tengo cambio, pingüino. - le dije al camarero tendiéndole un billete de 100.
- No se preocupe, caballero.

Los primos de King Kong se esfumaron a sus quehaceres rutinarios. Bien a cascar nueces con el ojete, bien a hacer sudokus nivel experto o a resolver integrales; tanto da, sinceramente. La cuestión es que yo ya estaba más tranquilito. Pamela, todavía a mi lado, se estaba repasando los morros con un pintalabios con un espejito de mano. Necesitó varias pasadas para colorearlo todo.
Se acercó el Davilín para comprobar que todo estaba en orden mientras me guardaba el cambio en el monedero.

- Todo en orden, Davilín. Gracias, nen.
- Mira, Chumoski - me dijo de nuevo con su manejo habitual -, atiéndeme un momentito, por favor. Esta señorita tan limpia y educada... - y dirigiéndose a ella, añadió-, por cierto, buenas noches, señorita, disculpe usted que no me haya presentado. Me llamo David, encantado de conocerla. A sus pies.

- Hooooola mi amooool. Qué guaaapo ére tú tambiéeeen.

No veas el Davilín el palique que tiene el tío, sabes. El palique y que no le quitaba ojo tampoco a los desaforados tetones de la Supermulatona Atómica.

- Como te decía, Chumoski, quería aclararte, con tu permiso y aún a riesgo de parecer atrevido, y añado que por eso te ruego consideres a bien estas humildes palabras, que esta bella cortesana que a tu lado embellece sus rasgos faciales, ya de por sí talentosos y equiparables a los de una venus de ébano (en este punto Pamela lo miraba embelesada), no se dedica, precisamente, al noble oficio de la costura o del pastoreo romántico de párvulos borreguitos en el prado. ¿Comprendes lo que te digo, Chumo?.
- Hombre, pues...., a decir verdad.... - le contesté-. ¿Tú crees entonces que puede ser caníbal?.
- No exactamente en los términos y significado literales a los que, estoy seguro, te estás refiriendo. Pero te aseguro que sí lo es, en cierto modo, si aludimos a la metáfora y mesuramos la cantidad y calidad de ciertas prácticas orales de las que, estoy convencido, la señorita es toda una artista en su planteamiento inicial y, posterior ejecución.
- Davilín... - le dije. Pamela nos miraba a uno y otro sin pestañear. Sus labios ahora refulgían de rojo centelleante.
- Dime.
- No acabo de pillarte, nen. Es por culpa del Tirilla.
- No te preocupes, Chumoski. Es muy sencillo. Mira, esta belleza de ébano, de generosas, prietas y abundantes carnes, capaz de hacer palidecer a las engreidas diosas del olimpo, te ofrecerá sin pudor alguno la voluptuosidad de su anatomía, rica en grasas saturadas, hasta los rincones más profundos de la misma, para tu uso y disfrute personal, a cambio de un dispendio estipulado previamente por las tarifas sobre las que ella misma basa su actividad profesional.
- Aaaaaay mi amooool, tú ére un poeta guapíiiiisimo.
- Entonces - le dije al Davilín-, eso quiere decir que... - esforzándome por hacer cara de que sí, de que sabía de lo que hablaba.
- .... que esta señorita es una hetaira, Paquito. Que ejerce la denominada como profesión más antigua del mundo, en definitiva. Una señorita sueltecilla de cascos, Chumi, para que me entiendas.
- Hombre.., yo la he visto así como muy cariñosa, vale. Eso te lo reconozco. Mira si no cómo se me ha puesto el ciruelo, nen. Hasta me duele y todo, eh. Pero que también digo yo que todos tenemos necesidad de amor, macho. Y si la chiquilla pues es así de cariñosa...., ¿qué mal le hace al mundo con lo bonito que es que las personas humanas se quieran?
- Mira, te lo digo de un modo más explícito, y espero que no te ofendas. Con su permiso, Srta. Pamela - añadió sin perder de vista el megapezón -. Paquito, esta dama es una fulana. Una concubina. Una mujer de vida alegra, que se dice. Un putón. Aunque esta en concreto, más que putón hace pinta de reputón, para que me entiendas. Así que tú coges, le echas un polvo, le pasas luego la VISA por el coño (tremendo coño por lo que veo, además; ¿dónde está tu mano, Paco?), y aquí paz y después gloria, vaya usted con Dios y hasta la próxima.

- ¿Es verdad eso, Pamela?

Ella me miraba con sus grandes ojos de gato de Shrek y una sonrisa en la boca con esos labios capaces de exprimir seis o siete kilos de plátanos y hacer zumo para una comunidad de vecinos.

- Aaaaaaaay, mi amooool, mira, vámo p'arriba y yo te explico. ¿Tú quiére, paaapi?. Aaay, no te me enfaaaade, mi vida, que tú me gustas muuucho. Ére muy guaaaapo.

El Davilín se volvió a la pista para seguir bailando con las socias del Club Big Mac Sin Pelos, las cuales le hacían gestos desde el fondo del local para que se diera prisa. Por el camino se iba partiendo la caja él solito. El muy cabrón. Yo me miré de nuevo a la Pamela de arriba a abajo, tranquilamente, todavía con la mano (y el reloj) dentro de su coño, y encendiéndome un Lucky con la otra.

- Pamela, Pamela..., menuda bichilla estás hecha. Me tienes el corazón arrebatao. Haz el favor y tira para arriba, anda, que vamos a hablar muy seriamente tú y yo.

Y por las mismas escaleras que subió el Albertico y la de las varices nos fuimos. Yo con el cipote con las venas como un pantalón de pana gorda, y la Supermulatona Atómica, delante de mí, con sus cerca de 120 kilos (a ojo), repartidos principalmente entre los milagros que tenía por pechos y su incomensurable y desafiante pandero.


TO BE CONTINUED.