La vi por primera vez en el Parque Acuático ISLA FANTASÍA en Vilassar de Mar. Hacía unos días que había vuelto de pasar muchos sudores en la provincia de Jaén y habíamos quedado los amiguetes y un servidor para refrescarnos los bajos y echar unas risas contándoles de las costumbres y tradiciones que tienen los lagartos y lagartijas allí, en aquellos extensos campos de olivos, y de cómo les ganaba al Remigio en interminables timbas que se extendían hasta la madrugada, con la fresca, entre quejas y palabras malsonantes, pues es de todos conocido que los lagartos tienen muy mal perder.
Ella estaba haciendo cola para tirarse por un tubogán azul muy alto, de varias plantas, un supertubogán, y yo, nada más verla, me enchispé locamente y solo pensé en cubrirla. Llevaba un bikini con estampado de tigresa por el que rebosaba la generosidad y la abundancia de sus pechos. Una larga cola de caballo le caía por la espalda hasta la conclusilla del culo; un culo grande y hermoso, fantástico, por cuya raja, separación de esas dos aglomeraciones marmóreas, se perdía la tira del tanga hacía los abismos insondables de su ojete. Dos aros como dos julajops adornaban su rostro, con la raya de los ojos bien perfilada y larga como a mí me gusta. Era una diosa. Era mi Cleopetra, entiéndeme lo que te digo.
- Oiga, usted, ¿a dónde va?.
- Disculpe, señora, es que he visto a una amiga.
Que si vaya cara, que si a la cola, que si patatín que si patatán. Total, que con señoras así es mejor no discutirse porque tienes las de perder. Están muy resabiadas y curtidas en este tipo de lides y es mejor dejarlo estar, sabes. Así que cogí y me fui para ella. Nada ni nadie podía pararme en ese momento. Finalmente subí todas las plantas del tubogán y con el resuello llegué a su altura entre abucheos del respetable. Y también algún insulto ("haz cola, desgraciao!!!" "hijoputa!!!" "a la Guardia Civil que vas!!"; en fín, lo de siempre).
- Reina mora, si tú quieres yo después te invito a un frankfurt, una Coca-cola y un cigarrito - le dije a su espalda con mi mejor tono de voz cautivador.
Me miró de refilón y soltó una risita. Acto seguido, sin hacerme ni puto caso, cogió y se tiró por el tubogán. Yo cogí y sin dudarlo me lancé detrás de ella para ver si una vez abajo, con el estrépito de la llegada y la confusión, caía cerca de ella y pillaba cacho, tú me entiendes lo que te digo. No pudo ser. Llegué a toda hostia y caí encima de una señora con un moño y muchas varices. Me levanté agitado y miré a mi alrededor escupiendo agua. Mi reina me miraba divertida, con sus amigas, de pie en el borde de la piscina, al lado de un Pablito de esos con un bañador rojo como Mich Buchanan y un silbato en la boca.
- Perdone usted, señora. Le pido disculpas. Es que esto alcanza unas velocidades demoníacas y me ha fallao el freno de mano, sabe usted.
- Ay, no te preocupes, guapo, que no pasa nada. Además, que del roce se hace el cariño, rey - me dijo sin apartar ojo de la tremenda erupción que pugnaba por salir bajo mis Billabong sin huevera. Es lo que tiene pensar en sexo sin haber desayunado en condiciones.
¿Quería encalomarme?
- Eres un chico muy mono, sabes. Mira, te perdono si me dices dónde están los lavabos. O mejor, si me acompañas y así no me pierdo - me dijo guiñándome un ojo.
Hostia puta, quería encalomarme.
- Mire usted, señora, que es que yo ahora mismo no tengo ni ganas de mear ni de hacer de cuerpo pero yo le digo en un momento dónde están. Mire, ¿usted ve dónde está el banderín de la caseta de los tickets de la entrada? ¿sí?, bueno, pues se me va para allá y se me sale del recinto. Una vez en la acera, me la sigue toda derechita unos 25 kilómetros todo para abajo, vale. No tiene pérdida.
Mich Buchanan me alentaba con el silbato a salir de la piscina porque estaba entorpeciendo el correcto funcionamiento de la atracción ("que ya voy, nen, que ya voy, tranquilito, hombre"), y mi Cleopetra había desaparecido sin dejar rastro con sus amigas. Así que, en un momento en el que la señora subía el pescuezo para distinguir el banderín, cogí y me escaqueé con sigilo al más puro estilo Solid Snake, camuflándome con el entorno.
Me alejé de la piscina buscándola con la mirada (a mi reina, digo, no a la señora pervertida, joder) pero fue inútil. Aquello era un infierno. Niños por aquí y por allá, corriendo y chillando. Marujas desbocadas. Garrulos en cuadrilla. La había perdido de visto en un auténtico campo de batalla. Una lágrima muy, muy grande cayó en el césped artificial. Pero en un Parque Acuático como aquel pasó desapercibida.
TO BE CONTINUED.
lunes, 10 de mayo de 2010
Corazón fatigado. PRÓLOGO.
- Chumoski, eres un encanto de hombre pero, no sé cómo decírtelo, aunque me río mucho contigo cada vez que nos vemos y desprendes siempre esa alegría allá por donde pisas, tus ojos, algo en tus ojos, denota tristeza -me dijo mientras con un dedo repeinaba un mechón rebelde desengominado por el vaivén del amor.
- Para ser putilla, con perdón de la expresión, eh - le remarqué -, hay que ver qué arte tienes para leer las cabezas, hija mía.
- Es que soy licenciada en Psicología.
- ¿Ves tú? Es lo que tiene irse de putas finas, que por el precio de un servicio te llevas dos para casa.
- Y bien, azucarito, ¿Me lo vas a contar?.
- Hombre, pues...
Le miré los pezones, erectos y desafiantes a mi paladar y, no sé si porque esa noche me había bajado la regla antes de tiempo o porque el whisky estaba caducado y me había hecho mal efecto, el caso es que empecé a hablar, a hablar y a hablar con una incontinencia nunca vista. Supongo que llevaba esperando ese momento, sin saberlo, desde hace tiempo. Supongo que estas cosas, tarde o temprano, hay que desecharlas, expulsarlas y tirar de la cadena. Yo mismo fui el primer sorprendido.
- ¿Tienes prisa? - le dije encendiéndome un Lucky.
- Ninguna, cariño. Eso sí, dame 5 minutos y cancelo todas las citas posteriores.
- ¿Muchas?.
- Oh, bueno, 6 o 7 servicios - me contestó alargando la mano hasta la mesita de noche para coger el móvil.
- Te haré perder dinero.
- No te preocupes, voy sobrada. Además, esto no me lo pierdo por nada del mundo. Creo que tú lo necesitas y yo estoy dispuesta a escucharte.
- ¿Por qué? ¿Por qué lo haces?
- Porque me caes bien.
- Pero uno de esos clientes podría ser un Richal Guer de la vida...
- Prefiero a Chals Bronson.
- Eres un cielo, Amparo. Un poco putilla, pero un cielo. Y encima, la Vírgen del Carmen te ha dado una cabecita primorosa.
Respiré profundo y rememoré una primera escena de la película que estaba a punto de desvelar. Era Verano, mes de Agosto, un día espléndido, soleado y de alta graduación. Ese día habíamos decidido ir al parque acuático llamado "La Isla Fantasía". Los chavales y yo. De excursión a pasar el día en las famosas instalaciones patrocinadas por Justo Molinero, TeleTaxi, Automóviles Conchita y Jamones Enrique Tomás, tú me entiendes lo que te digo, no. Bueno, pues...
- ..., oye, ¿tú estás segura de que quieres que continúe?.
- Sí.
- Bueno, pues deja de manosearme el cacharro que si no no puedo concentrarme.
- Perdone usted, Señor Delicado - me contestó riendo.
No había vuelta atrás.
- Bueno, como te iba diciendo... Oye, creo que voy a necesitar unas cervecillas para esto.
- No hay problema. Tengo la nevera llena. Están en su punto.
- ¿Es una broma, no?.
- No.
No iba a desperdiciar la ocasión. Necesitaba hacerlo y ahí tenía mi oportunidad, la cual, todo hay que decirlo, yo lo reconozco, no tenía ni idea de que existiera. La miré a los ojos, mu fijamente, y le dije:
- ¿También haces quinielas?
- Si me acuerdo, sí. Y nada de a boleo. 12 acerté hace un par de semanas.
Obvié hacer más comentarios sobre su persona. Me abrí una primera lata de San Miguel (Paco, adelante, sin miedo; solo es una cerveza; una nevera llena de cervezas, mejor dicho; una putilla que está buenísima en pelotas y hace quinielas, y una historia como cualquier otra). Y le relaté todo con puntos, comas, rotondas, cedas el paso y sin omitir un solo detalle. Todo, todo, todo.
TO BE CONTINUED.
- Para ser putilla, con perdón de la expresión, eh - le remarqué -, hay que ver qué arte tienes para leer las cabezas, hija mía.
- Es que soy licenciada en Psicología.
- ¿Ves tú? Es lo que tiene irse de putas finas, que por el precio de un servicio te llevas dos para casa.
- Y bien, azucarito, ¿Me lo vas a contar?.
- Hombre, pues...
Le miré los pezones, erectos y desafiantes a mi paladar y, no sé si porque esa noche me había bajado la regla antes de tiempo o porque el whisky estaba caducado y me había hecho mal efecto, el caso es que empecé a hablar, a hablar y a hablar con una incontinencia nunca vista. Supongo que llevaba esperando ese momento, sin saberlo, desde hace tiempo. Supongo que estas cosas, tarde o temprano, hay que desecharlas, expulsarlas y tirar de la cadena. Yo mismo fui el primer sorprendido.
- ¿Tienes prisa? - le dije encendiéndome un Lucky.
- Ninguna, cariño. Eso sí, dame 5 minutos y cancelo todas las citas posteriores.
- ¿Muchas?.
- Oh, bueno, 6 o 7 servicios - me contestó alargando la mano hasta la mesita de noche para coger el móvil.
- Te haré perder dinero.
- No te preocupes, voy sobrada. Además, esto no me lo pierdo por nada del mundo. Creo que tú lo necesitas y yo estoy dispuesta a escucharte.
- ¿Por qué? ¿Por qué lo haces?
- Porque me caes bien.
- Pero uno de esos clientes podría ser un Richal Guer de la vida...
- Prefiero a Chals Bronson.
- Eres un cielo, Amparo. Un poco putilla, pero un cielo. Y encima, la Vírgen del Carmen te ha dado una cabecita primorosa.
Respiré profundo y rememoré una primera escena de la película que estaba a punto de desvelar. Era Verano, mes de Agosto, un día espléndido, soleado y de alta graduación. Ese día habíamos decidido ir al parque acuático llamado "La Isla Fantasía". Los chavales y yo. De excursión a pasar el día en las famosas instalaciones patrocinadas por Justo Molinero, TeleTaxi, Automóviles Conchita y Jamones Enrique Tomás, tú me entiendes lo que te digo, no. Bueno, pues...
- ..., oye, ¿tú estás segura de que quieres que continúe?.
- Sí.
- Bueno, pues deja de manosearme el cacharro que si no no puedo concentrarme.
- Perdone usted, Señor Delicado - me contestó riendo.
No había vuelta atrás.
- Bueno, como te iba diciendo... Oye, creo que voy a necesitar unas cervecillas para esto.
- No hay problema. Tengo la nevera llena. Están en su punto.
- ¿Es una broma, no?.
- No.
No iba a desperdiciar la ocasión. Necesitaba hacerlo y ahí tenía mi oportunidad, la cual, todo hay que decirlo, yo lo reconozco, no tenía ni idea de que existiera. La miré a los ojos, mu fijamente, y le dije:
- ¿También haces quinielas?
- Si me acuerdo, sí. Y nada de a boleo. 12 acerté hace un par de semanas.
Obvié hacer más comentarios sobre su persona. Me abrí una primera lata de San Miguel (Paco, adelante, sin miedo; solo es una cerveza; una nevera llena de cervezas, mejor dicho; una putilla que está buenísima en pelotas y hace quinielas, y una historia como cualquier otra). Y le relaté todo con puntos, comas, rotondas, cedas el paso y sin omitir un solo detalle. Todo, todo, todo.
TO BE CONTINUED.
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