Blogoteca 20 Minutos

jueves, 15 de septiembre de 2011

Diario de... PEP GUARDIOLA.

A mí de Guardiola me chiflan sus combinaciones casuals. Es una referencia a seguir. Desde que entrena al Barça siempre vengo a trabajar con un botellín de agua de 50 cl. en la mano. Sea invierno o verano, da igual. Aunque tenga que ponerme guantes de piel forrados de conejito por dentro. De esos guantes gordos que no puedes pasar las páginas de un libro ni coger bien el cigarro y pareces tonto. Aunque no tenga sed. Yo, con mi botellín de agua de 50 cl. Por supuesto, voy rapado como él y procuro andar con las piernas arqueadas. En el primer cajón de mi mesa de trabajo tengo un librito de Martí i Pol que se llama "EL POBLE". Ya me sé casi todos los poemas. Procuro hablar en catalán siempre que puedo. Si quiero pijear en catalán procuro pronunciar bien las "esses" y adoptar cierta afectación en la dicción. Y madrugo todos los días también. "¿Dónde vas tan temprano Chumoski? ¿Qué te traes entre manos?" "Voy a trabajar" "Pero si son las 03:00h. de la madrugada y tú no curras en Mercabarna" "Ya, pero asi llego dando un paseo y hago ejercicio y eso". Me gustaría tener tres hijos con la novia de toda la vida. Pasa que creo que ya se casó (con otro) y ya los tuvo (pero con otro); además que si me ve igual me manda a la mierda. No sé porqué la gente es tan rencorosa. El otro día entré en una tienda. Vino una dependienta con un escote con los pechos como flanes DHUL. ¿Qué desea caballero?. Hola, reina. Pues mira, quiero unos tejanos como los de Pep. ¿Perdone? Como los de Guardiola, chata. Ah, vale. Me los trae. No acabo de llenarlos del culo, así que tengo que hacerle un agujero más al cinturón dentro del probador. ¿Con qué se lo hago? (el agujero), pues con la punta de una llave (la del buzón). Tras unos minutos de nerviosismo porque el cinturón es de cuero gordo, consigo hacerle el agujero de más. Vuelvo a probarme los tejanos delante del espejo. Ahora si, ahora me van de puta madre. Guardiola total. Salgo para fuera. ¿A cuánto el kilo de tejano de Pep, reina?. ¿Disculpe? Que cuánto cuestan. 289 euros. Hostia, me pillas desprevenido porque es que vengo de comer del Chino y ahí me he dejado una pasta; espérate que voy al cajero y ahora vengo. Todavía me está esperando. Lástima de pechos. Me pareció que la muchacha correspondía a la mirada sucia que le dirigí varias veces. Que correspondía con cara de "chaval, no tienes sopas suficientes para catar estas tetas". Zorrona de los cojones (con perdón). Si fuera Guardiola lo atenderías con mirada de corderito sexual degollado y a poco que pudieras serías capaz de hacerle una felación (con perdón) con tanta devoción que le absorberías los calzoncillos todos para dentro por el ojete. Me he dejado barba, por supuesto. Como no me sale canosa me la he tintado a trozos con un poco de polvo de yeso y agua. Da el pego. Y me he comprado unas pocas camisas blancas de esas que van ceñiditas. Del H&M. Son clavadas, nen. Me dio el soplo Pedrito el del Gimnasio, que siempre se compra allí toda la ropa y va hecho un pincel los fines de semana con sus cejas finas y eso. Que no sé para qué, para acabar siempre abrazado a una cincuentona resabiada con más tiros pegaos que Richard Widmark. Total, que una vez puestas (las camisas estas), metidas por dentro del pantalón, por supuesto, se me ve un poco de barriga, vale, pero siempre digo que son gases de cuando como sopas de sobre y listos. Ya el otro día vino uno y me dice: Chumoski.., ¿tú siempre tienes gases, no?. Otro hijoputa. En la punta la polla, le dije. Clavo puntas de carpintero sin Black & Decker, nen, solo a base de aire comprimido de la puntalnabo, cabrón. Tampoco te pongas así. Bueno, vale. ¿Me dejas 289 euros? Joder, Chumoski..., que acabo de quedarme en el paro. Es para comprarme unos tejanos como los de Guardiola. Ah, ya, dice. ¿Y no te vale un chándal como el de Tito Vilanova? Para eso igual me llega. No, no es lo mismo. Con un chándal parezco un poligonero de mierda, joder. Me fui el otro día al Corte Inglés. Recordando lo que le pasó al Jose Luís con unos de Seguridad de cuando los altercados con los hippies aquellos. Enseguida me fijo en los zapatos que busco. Así acabados un poquito en punta cuadrada. Negros. Con brillo. Con una hebilla a un costado del empeine. Buenos días. Buenos días. Oiga, usted, ¿a cuánto estos zapatos?. 325 euros. Un poco más caros que las camisas del H&M, tú mentiendes lo que te digo. 325 euros. Aham..., ya veo. IVA incluido, supongo. IVA incluido, caballero. Los cordones también, ¿no?. Efectivamente. Son bonitos. ¿Qué número? Pues mire..., en principio un 42, pero tengo unas Adidas blancas con tres rayas negras, que son un 43. Un 9 ½ UK. Le traigo un 43, caballero. Muchas gracias. Me quito las New Balance. Huelen un poco. Pero no es por dejadez mía, que yo me ducho todos los días, no me jodas. Es que ya están gastadillas. Me los pruebo. Van como un guante. Son zapatos de marqués. Y oiga, qué le iba a decir yo….¿no tendría usted un modelo parecido pero que queden un poquito más…, más apañaditos de precio…? Por supuesto, caballero, mire usted, estos cuestan 125 euros. Ah, ya… ¿y estos de aquí? Estos se le quedan por 65 euros, están de oferta. Me los pruebo. Parece que haya metido los pies en una trampa mecánica hecha de hierro forjado de la película SAW, esa donde te dan un tiempo para que hagas una prueba y si no eres capaz de superarla te destrozan la vida. O sea, que si doy dos pasos más me quedo con los tobillos al aire y los lagrimones en la cara. Qué puta mierda. Mira, deja que me lo piense, le dije. Perfecto, caballero. Luego también me gusta mucho (el Guardiola) porque es un señor, oye. Así que procuro tomar nota de su buen hacer. Esta mañana, por ejemplo, en el Metro, ha entrado (como cada día) la de los mecheros. Unos mecheros estampados con dibujos de marihuana. Feos. “Buinas tardes siñoras y siñores… Vamos a ver isos chicos guapos y isas chicas guapas que yo les voy a vender unos micheros muy bonitos… Hoy hago una oferta, siñores… Tres micheros por un euro…”. Total, que le he hecho una seña con la mano y le he comprado 10 euros de mecheros. 30 mecheros en total, nen. Pa qué te cuento la que ha liado la rumana dentro del vagón lleno gente… Se ha puesto de rodillas y todo delante de mí. “Ay, siñor, usted es una buina pirsona, muy guapa con un corazón bello. Es usted un príncipe…” Madre mía. Le faltaban dos piños de abajo y uno de arriba. Luego en casa he pensado que a ver qué coño hago con tantos mecheros, vale; pues nada, se regalan para Navidad y listos. Lo dicho, que hay que predicar con el ejemplo. Guardiola es un tío sereno que tiene una pacencia que te cagas. Pues yo igual. ¿Que en la cola de la panadería se me cuela la típica marujona que va de lista? Esas que se hacen las locas y poco a poco, así disimulando haciendo como que miran los cruasanes de las vitrinas y las pastas y eso, vale, y se te van poniendo por delante como quién no quiere la cosa, ¿si o no?, seguro que os ha pasado. Pues nada, tranquilo Chumo, nada de “oiga, señora, vamos a ver si no nos hacemos la loca y nos ponemos en la cola, que me estoy coscando del percal”. No, no, no, asi no. “Oiga, señora, buenos días, antes de nada, eh, la educación lo primero. Mire usted qué le iba a decir yo…, que es que resulta que por el bien común siempre pensando en una comunicación sana y cordial entre personas, verdad, pues que aquí, en la panadería, mientras colocan el pán que acaba de salir del horno, pues mire usted, que hemos decidido de motu propio los aquí presentes organizar un poco el órden de llegada de los consumidores de cara a la posterior asistencia comercial por parte de las señoras panaderas…. Entonces, pues bueno, que tenemos hecha aquí una pequeña fila con todo respeto, vale, y ….” Así, si. Pasa que la señora me ha girado la cara y ha seguido haciéndose la loca. Porque era muy resabiada. Con lo cual, aquí también he tomado nota de Guardiola de cuando entró en la rueda de prensa en Villabebas, no, perdón, en el Bernabéu, para responder a Moñigo cuando le digo que era el puto amo y eso (fuera del campo, claro). Así que yo igual: “Señora, me voy a cagar en tós sus muertos, ¿vale?”. Ahí ya me ha hecho caso y ha respetado el órden de llegada. Yo creo que todos deberíamos ser un poco Guardiola. Lástima de zapatos, eso si. Un poco caros. Y los tejanos y eso. Pero bueno, que vamos poco a poco. Fíjate si no, que él mismo entrenaba antes en Tercera División, que se dice pronto. Pues eso. Otra cosa más, por ejemplo, a nivel de la vida cotidiana y tal, Guardiola no permitiría que hubiera mileuristas. Pero tampoco vagos y maleantes, ojo, de esos que no hacen país y se chupan los recursos sociales que luego uno puede necesitar en caso de emergencia. Esos que han abusado y abusan y por su culpa, ahora, cuando menos me lo espere, tendré que pagar 40 euros para que el médico me meta el palito de un Frigodedo en la boca para mirarme la garganta o, en el peor de los casos, el dedo en el culo para ver si saca premio. Aunque aquí la factura espero que sea más barata, no me jodas. A ver si encima de ultrajado, además apaleado, vamos hombre. Digo yo que esto último será más baratito. Total, que el Pep pondría a más de uno recto como una estaca. Y el que se rebotara.... JA!!! Al que se rebotara ahí tienes el ejemplo de Eto'o, pobrecico mío, a la puta calle. Claro que el negro ahora cobra como un blanco y correr, lo que se dice correr, se corre lo justo y lo que le apetece. Este Eto'o es la leche, si, pero fíjate que NUNCA una mala palabra de Guardiola. ¿Por qué? Pues porque el Pep, en el fondo, se hace de querer mucho. Así es la vida.


Guardiola (Dios te bendiga con muchos años de sabiduría) déjame 289 euros, nen. Te los devuelvo, te lo juro. Puedo pasar con los zapatos-trampa de SAW, vale, pero los tejanos como los tuyos... hostie, con esos mojo fijo.

jueves, 7 de julio de 2011

Vidas Cruzadas. FÍN.

LA HISTORIA DE JOSE LUÍS.

- Por las bragas de Paris Hilton, José Luís.... Dios mío, siéntate. ¿Cómo estás? ¿Qué ha pasado?

La muchacha de grandes pechos que lo sujetaba lo dejó suavemente en el suelo, sentado sobre una caja vacía de fruta, justo al lado de la Princesa Hippie, que seguía a lo suyo. Introspección y espiritualidad. El Jose Luís era un desecho de persona humana; un amasijo de carne y sangre; una víctima de Jigsaw. No, peor, de Leatherface.

- Todo está un poco borroso, Paco. Pero lo conseguí - me dijo, alzando temblorosamente un paquete de Lucky Strike.

"Yo estaba en la tienda, tan tranquilico, vale, con mi té y mis pastitas, porque antes de venirme me llegué a la panadería del barrio y compré medio kilo de cruasanes de esos pequeñitos que tu sabes que me gustan mucho, y entonces, como ya estaba harto de cachimba de esa infernal, yo quería fumar tabaco de toda la vida, entiéndeme lo que te quiero decir, pero se había acabado porque la Flora esta, además de hippie, resulta que se fuma hasta el laurel que se le echa al arroz hervido, vale. Así que cogí y le dije a la Antoñita que ahora venía, que iba a por tabaco. Voy contigo, dijo la chiquilla. Vale, pues venga, vamos. Cogí la bolsa de los cruasanes para el camino y hala, a por tabaco."

Abrió el paquete y se encendió un Lucky. Me ofreció uno y acepté. La tal Antoñita lo miraba y le acariciaba el cabello ensangrentado. Luego dijo que iba a buscar ayuda sanitaria y marchó gracilmente haciendo botar sus fantásticos senos. Mira tú qué maja y apañada, oye.

"Total, que me voy para el Corte Inglés que yo sé que hay un estanco dentro. Me meto. Qué bien se está con el aire acondicionado, Paco. No quiero pensar lo que deben pagar de factura de la luz esta gente. Y coge la Antoñita y dice que se va a mirar no sé qué de un perfume nuevo que lo anuncia la Natali Corman o algo así. Ves con Dios, le dije. Y me puse a buscar el estanco. Al pasar por la sección de carteras vi que había muchas en unos cajones. Montones de carteras. Cienes y cienes de carteras. Todas de piel de becerra por lo menos. Incluso de bicha. Se veían de marqués, Paco, tú mentiendes lo que te digo. Coño, me dije, todas estas carteras aquí apiladas como si vinieran de los contenedores esos de los chinos de la Zona Franca.... ¿Y dónde está el precio?"

- ¿Te compraste una cartera?
- No. La mangué.
- Pero hombre, José Luís, por favor....
- Espérate que te lo explico.

"Media hora esperando que acabara de atender una señorita con una blusa verde a una viejuna restaurada, Paco. Yo ya estaba agobiado. Y cuando acaba, coge y me dice: "Ahora te atiende mi compañera que yo me voy a desayunar". Que aproveche, le dije. Gracias, me dijo ella. Pues nada, me gustó mucho una cartera muy guapa de Tomi Jilbringuer ese, vale. Saqué la mía. La vacié. Puse todas las cosas en la cartera nueva de Tomi Jilbringuer. Me la guardé. Me quedé con la cartera vieja en la mano. Y ensayé cara de indignado. Media hora más hasta que vino la sustituta. Buenos días, qué desea. Buenos días, reina. Mira, ¿ves esta cartera?. Si, señor. Pues la compré aquí la semana pasada. Ayer la metí en la lavadora con los Lois, vale, sin darme cuenta, y mira cómo se ha quedado. Ni esto es piel de becerra ni esto es mierda en vinagre. Un pastón. Vengo a devolverla y que me hagas unos Corticoles de esos para yo comprarme lo que me de la gana. Espérate que llamo al encargado de planta. Me espero, reina".

Llegó la Antoñita con un señor con una cruz roja en el pecho. Cuando vio el estado del José Luís cogió el walkie y pidió una ambulancia.

- Que no, rey, que no, que yo te lo agradezco. Si esto con unos gelocatiles ya está. Bueno a lo que iba.

"Llegó el encargado de planta. Vio mi cartera vieja. Me miró con cara de extrañado. Yo mantenía firmemente la mia de indignado. Ganó la de indignado, Paco. Me dieron unos Corticoles y me subí a la planta de sonido y me compré este Mp3 tan chulo - lo sacó del bolsillo y lo volvió a guardar-. Luego me fui para el estanco. Compré el Lucky este que nos estamos fumando. Y me fui para la salida. Y cuando voy a salir comienzo a pitar como un grillo. Y se me echan encima dos gorilones de esos que cuando ven la película esa de "ORÍGEN" se quedan con la boca abierta y les cae un hilillo de saliva, entiéndeme lo que te digo. ¿Qué lleva ahí?. ¿Yo? Nada. Desnúdese. Si, hombre. Venga con nosotros. Me llevaron a una habitación. Saqué mi cartera nueva de Tomi Jilbringuer, miraron mi documentación. Sin problema. Saqué el Mp3, miraron la factura de los Corticoles. Sin problema. ¿Qué coño es lo que ha pitado entonces? Me saqué las bambas, los tejanos, la camiseta, el peluco, los calcetines, las cadenas, la de Caravaca también, que sabes que nunca me la quito. Miren ustedes, yo ya estoy en gallumbos. Esto es cosa de los cruasanes, les dije. Desnúdese. Paco, tú sabes cómo soy yo para estas cosas. Que sabes que en el gimnasio siempre voy con mi toallita bien enrrollada porque soy pudoroso. Encima uno de ellos me pareció que me miraba con lascibia de esa. Miren ustedes que esto es lo que hay. Que no hay más, insistí yo, vale. Desnúdese. Paco, me asusté mucho. No había más donde buscar y decian que la bolsa de cruasanes no podía ser. Esos hijos de puta querían meterme el dedo en el culo. El dedo, por lo menos, entiéndeme. Me negué. Si hubieran sido gorilonas, pues mira, todavía igual hasta me pongo cachondo, pero dos anormales así no, Paco, que tú me conoces."

- ¿Y entonces?
- Entonces llegó la violencia. Yo estaba mu acojonao. Así que quise zafarme y salir por la puerta pero uno de ellos, el de la lascibia, estuvo ágil y me tapó la salida. "¿Dónde vas, pichoncito?", me dijo. Ahí ya, para qué te cuento. Eso me sonó muy a bujarrón, Paco. Me asusté más todavía y me violenté. Luché con todas mis fuerzas. Pero eran dos armarios con puertas correderas. Encajé como pude.
- Casi te matan, José Luís.
- Si, pero por lo menos no me han petado el culo, Paco.

EPÍLOGO.

Le dimos unas caladas al Lucky. Y decidí sincerarme con él. La tal Antoñita charlaba preocupada con el auxiliar ese de la cruz roja. El auxiliar de la cruz roja se había hipnotizado con el balanceo de sus pechos. Ella parecía francamente entristecida. Flora, por su parte, había comenzado de nuevo con la "Balada del OOOooommm". Yo tenía un nudo en la garganta.

- Jose Luís..., siento mucho lo que te ha pasado, pero tengo que decirte algo.
- Dime, Chumo.
- En tu ausencia le he tocado los pechos a tu novia. Y no solo eso. También le he metido mano en el matorral. Pero te juro que fue ella la que me sedujo. Me pille un huevo con la cremallera si miento, José Luís. Se le veían las braguillas. Y luego me dijo que pusiera mi mano en su seno. Y....
- Paco...., ¿qué novia?
- Esta -le dije señalando a la Princesa Hippie del OOOooomm.
- Paco... esa no es mi novia. Esa es la Floreta. Una amiga de la Antoñita. La Antoñita es mi novia. Y si, es un poco sueltecilla. Lo mismo le da una unidad especial de la Guardia Civil, que los monitores de un Casal de Verano que un regimiento de cosacos borrachos. Le gusta mucho el follar, Paco, pero también colgarse. Para ella, el reloj siempre marca la Happy Hour.
- Hostiaputa.

Llegó la ambulancia y a pesar de las reticencias del José Luís logramos que subiera dentro para que lo atendieran bien en el Hospital a condición de que lo dejaran fumar. A mi alrededor, y ante mi sorpresa, el mercadillo hippie volvía a instalarse.

- José Luís... - le dije antes de que cerraran la puerta-. Entonces... ¿no me la recomiendas para establecer unos lazos emocionales sólidos y eso?.
- No, Paco. Mejor no. Antoñita, tápate esos pechos y vámonos ya que quiero estar para el fútbol en casa - le dijo a la chica alta y delgada que aún tenía cara de entristecida- Ahora bien, Chumo, dicen que es capaz de hacer sexo durante 7 horas seguidas. Sexo cuántico o algo así. Cosa de indios. Ya me contarás.
- Cuídate, José Luís.
- Dios te bendiga, Paco. Gracias por cuidar de Floreta - me dijo Antoñita. Y cerró la puerta de la ambulancia.

Tantos nervios acumulados. Tenía unas ganas horribles de hacer de cuerpo. Cuando ya me inclinaba para preguntarle a la Princesa Hippie si le apetecía una Coca-cola en el Hard Rock Café, el hippie malabarista se me acercó. Estaba vivo. Bajo el sobaco traía su canuto y su cuerda. Otro muñon de carne y huesos viviente.

- ¿Cómo van esas amigdalas, amigo?
- De futa mad-re. ¿Tie-nes un sig-arrito, her-mano?

Le di la cajetilla.

- Pa-z y am-mor.
- Paz y amor.


FÍN.