martes, 20 de diciembre de 2011
Diario de... ¿Felices Fiestas?
Qué quieres que te diga. ¿Felicidad impostada? ¿Obligada? ¿Sincera? ¿Con regusto a ajo de ese que se repite hasta el día siguiente porque no le han quitado los "corazones" a la hora de preparar el all-i-oli?
Y es que....
..... si te están maltratando laboralmente como "becario", jugando además con tu paciencia y tu ilusión por conseguir un puesto de trabajo estable para poder llevar una vida autónoma e independiente, todo a cambio de unas monedas roídas, pues no sé.
- Tendrías que quedarte a acabar esa contabilidad. La necesito para mañana.
- Vale. ¿Y cuándo se la puedo chupar?.
- No tengas prisa, Alberto. Todo a su tiempo.
Si debes cuatro letras del piso y empiezas a acumular requerimientos, ni te cuento.
- Este lo tengo repe.
- Pues para la hoguera, que hace frío. Arranca el marco de la cocina, Sole, que se apaga.
Si estás viendo venir que no te van a renovar el contrato...
- Oye, Chumoski, ¿tú has visto "Los Lunes al Sol"?.
- Si. ¿Y usted "La Matanza de Texas"?.
- Mmm.... la del loco aquel con la motosierra, ¿no?.
- La misma.
Si tu mujer se ha quedado en el paro y con tu nómina no abarcas la hipoteca + los gastos habituales + los pañales...
- ¿Y si me meto a putilla, José Manuel...?
- Ni hablar del peluquín.
- Pues me lo depilo y ya está.
- Que no, he dicho.
Si de un día para otro has pasado de comprar grandes carros de suculentas y vistosas viandas en el Corte Inglés, a mirar los precios de la marca Hacendado...
- Pues estas pastas de crema están buenísimas.
- Ya, pero no son Panrico, cari.
- Bueno, tampoco tú eres Yorch Cluni y bien que estoy casada contigo.
- Ay, cómo eres. Dame un beso.
Si el chándal de tus hijos les queda por el tobillo e insistes en apurar unos meses más.
- Mira qué guapa mi niña!!!
- Me van cortos, mama.
- No tonta, que ahora se llevan así. Estilo mariscadora, como en la tele.
- No me gustan los bichos del mar.
Si estás currando, tu ajustada y humilde nómina está más congelada que Walt Disney, y te OBLIGAS a pensar que eres un tío con suerte.
- Vírgencita, virgencita...
- ¿Y si la metes en el microondas, Paquito?
- ¿Y si explota, qué, lista?.
Si apuestas todo al rojo. Al ojete rojo que se te queda cuando te gastas 400 euros en Lotería (¿de dónde sacais la pasta para esto, cabrones?) y no pillas ni pedrea.
- Lo importante es tener salud.
- Fijo.
Si vas a comprar los Reyes a tus hijos y ves que una mierda de caja de LEGO y una muñeca de plático que se tira pedos y dice "VIVASPAÑACOÑO!!" se te llevan todo el presupuesto. Y piensas: "todavía me quedan los regalos del otro".
- ¿Y no tiene por ahí una casita así como esta pero más apañaíta de precio?.
- Lo siento, caballero, pero va a ser que no.
- ¿Y de otra marca?
- Si, pero ya no sale el muñequito de Jarri Poter.
Si pactas con la família que este año no habrá intercambio de regalos.
- Pos si, mucho mejor, Manoli, porque tus hijos siempre piden unas cosas muy caras.
- Vaya, que los tuyos piden tazos y se quedan tan contentos.
Si los compras en el chino de la esquina.
- ¿Incluye las pilas?.
- No, señol. Pilas apalte. Dos eulos.
- Qué hijoputa, ¿no?. Que soy el vecino del 1º 2ª, nen.
Si se te queda cara de gilipollas viendo los anuncios de perfumes y colonias.
- ¿Qué ha dicho? ¿Era francés?.
- Pues no sé, pero ahora cuando se le tire encima al muchacho se le ven las bragas rosas.
- A mí me gusta el marinero de Goltier.
- No te va a gustar, si tienes que comerte los garbanzos atados con hilo.
Si este año en el curro te han dado una lata de mejillones Isabel y 200 grs. de chopped envasado Argal.
- Muchas gracias, Sr. Ramiro. Agradecido, de veras.
- No hay de qué, José Antonio. Y ya sabes: prudencia y sin prisas.
Si vas a comprar el desayuno, pides un bocata de chorizo, y te lo dan mordido.
- Oiga, y la ¿Persi?.
- Ahora te la traigo, en cuanto acabe ese hombre sentado al lado tuyo.
Si haces una perdida para que te llamen.
- ¿Me has llamado tú?.
- NOOO!! Debe haberse apretado solo en el bosillo.
- Y de toda la agenda se ha marcado mi teléfono.
- Eso parece.
Si te has pasado al tabaco de liar.
- ¿A qué huele?
- Ná, un desodorante que me ha comprado mi mujer.
- Hostie, pues huele como a tabaco, ¿no?.
- Se lleva ahora.
Si te has roto tibia y peroné en varios trozos. Rollo puzzle.
- Mire usted, ahora mismo no tenemos quién le opere porque están todos de huelga.
- ¿Entonces?
- Tenemos una señora de la limpieza que fue enfermera en la Guerra Civil.
- Tráigala, por el amor de Dios.
Si los cubalitros cada vez se comparten más.
- Sois unos hijos de puta. Me dejais las babas, cabrones.
- ¿Puedo echar un trago?
- Coge número, julai.
- Oye, me cago en tu whassup, habla bien, que no te he faltao el respeto.
Si Rajoy es presidente del Gobierno...
- A jubilarse tol mundo con 67 años, copónbenditoyá.
- Oiga, que usted se opuso a ello cuando estaba en la oposición....
- Las que salen por las que entran, muchacho.
- Viva Galiza!!!
- Calidade!!!
En fín... SALUD para todos. En serio.
jueves, 24 de noviembre de 2011
Diario de... HOTELES. (Comedor. 2ª Parte)
* (continúa de "Diario de... HOTELES. (Comedor. 1ª Parte).
Ocurre que NO es oro todo lo que reluce. Y tanto da que el Hotel tenga más o menos estrellas que el chándal de los Domingos de Belén Esteban, amigos, que los nubarrones siempre acechan a la vuelta de la esquina de diferentes maneras. Es la delgada linea roja del desencanto. Invisible, pero real. Sin ir más lejos, y a modo de entrante...
.... los huevos fritos de los hoteles, en líneas generales, no tienen puntillita. No, señor, no la tienen. De hecho es que por no tener, NO tienen ni vida. Todos dispuestos ahí de cualquier manera sobre la plancha parecen huevos fritos de artículos de coña. Parecen llaveros, joder. Así que, puestos a pedir un crédito personal para irte de vacaciones (la vida son dos días, ¿no?; luego viene la ansiedad y las lágrimas, pero bueno, esto es otro tema), no seas tonto y no te quedes corto. Entre un cocinero con legañas y otro fashion vestido de negro y olor a Paco Rabanne, ni te lo pienses.
- A usted le gustan recién hechos y con puntillita, ¿verdad, caballero?.
- Si, señor.
- Me he tomado la libertad de picarle y dorarle unos ajitos en aceite de oliva vírgen y así mismo también trocearle y pasarle un poquito unos filetitos de ibérico para acompañar, si le parece bien.
- Puedes llamarme Lorenzo, campeón.
Así si.
STRANGERS IN THE NIGHT ASSOCIATION.
A HOW OLD ARE YOU PRODUCTION.
Presents.
Paco Chumoski.
Diario de... HOTELES. (Comedor. 2ª Parte).
Por desgracia, aunque topes con un cocinero vocacional, aún y todo, no te puedes despistar un segundo.
Los Niños de San Ildefonso.
Estás bebiendo tu zumito natural de maracuyá para acabar de engullir con placer ese trocito exquisito de bacon ahumado con un bocadito de pan de amapola. El ambiente que te rodea es plácido. El murmullo de fondo que reina en el Comedor (siempre en función de la hora, recordemos), sereno, apacible, incluso ejerce un efecto sosegador. El servicio es atento y eficaz. Eres feliz. Muy feliz. Yo lo soy al menos. Entonces, sin previo aviso...
- QUÉ BONIIIIIIITO!!!. ANTONIO, MIRA CÓMO HAN PELADO LA SANDÍA!!
Viene alguien y te canta el gordo. Te sobresaltas, vale. Incluso derramas algo de zumo en el mantel. A ver, no le das importancia en ese momento, vale, no pasa nada, pero es que...
- ¿Y ESO QUÉ ES? ¿ANTONIO, ESO QUÉ ES?
- Pues no sé. ¿Jefe, eso qué es?
- Mousse de Chumbo Superfucker, caballero.
- OI POR DIOS, MÚS DE CHUMBO, ANTONIO!!! LE HABRÁ QUITAO LAS ESPINAS, ¿NO?.
Y tras la sandía y el mousse....
- MIRA, IKER, ESE SEÑOR TE HACE LA TORTILLA. ¿QUIERES UNA TORTILLITA, CARIÑO? ¿PORQUÉ NO APAGAS LA CÓNSOLA?
- Que te follen, vieja.
Y no se vayan todavía...
- VAMOS A PONERNOS AQUÍ AL LADO DE LAS PASTAS, ANTONIO.
Al lado de las "pastas" acaba siendo (vaya por Dios) al lado de mi mesa.
Los del ansia.
Estos son los que le quitan el hambre a mi hermano. Como se le siente cerca uno de esta cepa, te digo yo que ya no come a gusto. En serio. Yo al principio pensaba que exageraba, vale, que eran chuminadas de él, tontás, que se dice, pero amigos, con el paso de los años, y analizando bien la situación, he acabado por sentirme identificado. Y no solo te quitan el hambre, no, es que te sumergen en un estado depresivo.
O sea... tú entras en el Comedor un poquito más tarde de lo habitual, en plena ebullición, arreglaíto pero informal, bien afeitaíco, con presencia, magnetismo, integridad, con tu olor a "Guilty" de GUCCI o, aún mejor, "Bleu" de CHANEL. Imponente. Hoy la recepcionista se ha delatado con un comentario absolutamente irrelevante sobre las condiciones climatológicas típicas de la zona. No te equivocas, se ha sonrojado. Fíjate, además, que ya no te pide el número de habitación. Puedes oler sus feromonas desbocadas. Dios, me voy a meter un plato de judías con tomate y bacon y revuelto que ni Conan en ayunas.
Y entonces...
Me cruzo con un tipo que lleva cuatro platos en las manos, y en el antebrazo, haciendo malabarismos, dos vasos. En plan voy trincao en Nochevieja, mira lo que hago con el cubata y la barbilla. Uno de café y otro de zumo. Un plato rebosa repostería. Otro salchichas. Otro está lleno de bacon y otro lleva una selección masiva de embutido.
Y te preguntas, algo aturdido, y con razón... ¿Se va a comer todo eso sin pán?
No, padre, claro que no. Hace otro viaje y vuelve con dos platos más. Uno con 7 bolletes de pan y otro con 5 tostadas. El caso es que finalmente piensas "bueno, debe traer la manduca para que coma toda la família", ¿verdad?, PUES NO, en la mesa le espera la parienta y nadie más, y esta, por cierto, se está untando tímidamente una mini-tostada con una puntita de mantequilla a modo de resopón matinero.
A mí se me quita el hambre. Me da angustia. Me entra un bajón. Me deprimo. Pero es que luego viene la mala leche, porque el ANORMAL (no tiene otro nombre) se deja la mitad de la comida en los platos. No hay estilo alguno, amigos. No hay clase. No hay un saber estar. Miro con tristeza a su mujer, incapaz de corregir al especímen, con un collar-abalorio de mercadillo demasiado histriónico para un desayuno, y pienso en cuando tengan descendencia, pienso en el futuro de España, amigos. Tras la marcha del gachón queda la mesa como una banquete vikingo. PATÉTICO.
Más. Estás esperando en la cola de la paella. Intuyes que cuando te toque quizá te quede "ALGO", suficiente para probarla y tal. Parece ser que está rica y que está teniendo éxito entre los comensales. ¿Me seguís?. Bien, pues no te preocupes, que la maruja de delante ya se encarga de "arrebañar" la paellera para dejarte sin un grano. ¿Por qué? No lo sé. Al volver a Barcelona lo consulté con un prestigioso kiosquero de barrio. No pudimos sacar nada en claro.
- Señora, anda que me ha dejado usted siquiera una cucharaíta pa probar el arroz, eh.
No contesta. Se revuelve en seguida, haciéndose la sueca, resabiada, yo diría que incluso con aire triunfalista, MOURINHISTA, hostie!!!!, con su plato-montaña de paella temperatura ambiente a punto de desmoronarse. Evidentemente, ipso-facto, viene el servicio a reponer y me doy el gustazo de ser el primero en DESVIRGAR el asunto. Calentito.
Este Verano, en la cola de los helados (sírvase usted mismo), tenía dos comensales por delante. Se estaba sirviendo en ese momento la niña maximum size, hermanita del Niño de la Cónsola, vale, y delante de mí había un tipo corriente y moliente. 5 minutos después, tras de mí, ya habían cuatro personas esperando. La niña se facturó DOS CUENCOS multicolores dignos de la mejor heladería de pueblo sin conocimiento alguno. DECENAS DE PELOTAS DE HELADO unas encima de otra desafiando la gravedad. Se cogió una cucharilla y marchó. Hija de puta (con perdón). Bien, el tipo de delante se sirvió como pudo del estropicio dejado por la criatura y yo me serví a continuación, adornando el asunto con unas virutillas de chocolate y un estudiadísimo y coqueto lingotazo de sirope de fresa. ¿Por qué? Porque puedo permitírmelo. Punto y pelota. Luego corto un plátano, lo troceo y me monto un festival de sabores que lo flipas. PERO, como digo, todo muy estudiado. El caso es que... cuando me giro... veo, de nuevo, a la niña maximum size haciendo cola. Con los cuencos vacios.
- Niña, mira una cosa que te iba a decir..., tú no te enfades, eh, pero es que creo yo que no te conviene mucho que abuses de los helados dado tu actual fondo físico y, sobre todo, tu edad. Digo yo, ojo, de buen rollo.
- Vete a la mierda, yo como lo que me sale del coño. Y me llamo Lorena. (esto, con sus dos cuencos entre las manos)
11 años o así, no más. Le hubiera dado un collejón ahí mismo, pero claro... sabes qué pasa, que el padre (fácil de identificar, el de la camiseta del Badalona) rondaba cerca, por lo visto también amante de los malabarismos con los platos en plan MARATÓN DE CAMAREROS, y como no soy persona de altercados lo dejé estar. Además, por otro lado, también me había dejado los nunchakus en la habitación.
To be Continued.
Ocurre que NO es oro todo lo que reluce. Y tanto da que el Hotel tenga más o menos estrellas que el chándal de los Domingos de Belén Esteban, amigos, que los nubarrones siempre acechan a la vuelta de la esquina de diferentes maneras. Es la delgada linea roja del desencanto. Invisible, pero real. Sin ir más lejos, y a modo de entrante...
.... los huevos fritos de los hoteles, en líneas generales, no tienen puntillita. No, señor, no la tienen. De hecho es que por no tener, NO tienen ni vida. Todos dispuestos ahí de cualquier manera sobre la plancha parecen huevos fritos de artículos de coña. Parecen llaveros, joder. Así que, puestos a pedir un crédito personal para irte de vacaciones (la vida son dos días, ¿no?; luego viene la ansiedad y las lágrimas, pero bueno, esto es otro tema), no seas tonto y no te quedes corto. Entre un cocinero con legañas y otro fashion vestido de negro y olor a Paco Rabanne, ni te lo pienses.
- A usted le gustan recién hechos y con puntillita, ¿verdad, caballero?.
- Si, señor.
- Me he tomado la libertad de picarle y dorarle unos ajitos en aceite de oliva vírgen y así mismo también trocearle y pasarle un poquito unos filetitos de ibérico para acompañar, si le parece bien.
- Puedes llamarme Lorenzo, campeón.
Así si.
STRANGERS IN THE NIGHT ASSOCIATION.
A HOW OLD ARE YOU PRODUCTION.
Presents.
Paco Chumoski.
Diario de... HOTELES. (Comedor. 2ª Parte).
Por desgracia, aunque topes con un cocinero vocacional, aún y todo, no te puedes despistar un segundo.
Los Niños de San Ildefonso.
Estás bebiendo tu zumito natural de maracuyá para acabar de engullir con placer ese trocito exquisito de bacon ahumado con un bocadito de pan de amapola. El ambiente que te rodea es plácido. El murmullo de fondo que reina en el Comedor (siempre en función de la hora, recordemos), sereno, apacible, incluso ejerce un efecto sosegador. El servicio es atento y eficaz. Eres feliz. Muy feliz. Yo lo soy al menos. Entonces, sin previo aviso...
- QUÉ BONIIIIIIITO!!!. ANTONIO, MIRA CÓMO HAN PELADO LA SANDÍA!!
Viene alguien y te canta el gordo. Te sobresaltas, vale. Incluso derramas algo de zumo en el mantel. A ver, no le das importancia en ese momento, vale, no pasa nada, pero es que...
- ¿Y ESO QUÉ ES? ¿ANTONIO, ESO QUÉ ES?
- Pues no sé. ¿Jefe, eso qué es?
- Mousse de Chumbo Superfucker, caballero.
- OI POR DIOS, MÚS DE CHUMBO, ANTONIO!!! LE HABRÁ QUITAO LAS ESPINAS, ¿NO?.
Y tras la sandía y el mousse....
- MIRA, IKER, ESE SEÑOR TE HACE LA TORTILLA. ¿QUIERES UNA TORTILLITA, CARIÑO? ¿PORQUÉ NO APAGAS LA CÓNSOLA?
- Que te follen, vieja.
Y no se vayan todavía...
- VAMOS A PONERNOS AQUÍ AL LADO DE LAS PASTAS, ANTONIO.
Al lado de las "pastas" acaba siendo (vaya por Dios) al lado de mi mesa.
Los del ansia.
Estos son los que le quitan el hambre a mi hermano. Como se le siente cerca uno de esta cepa, te digo yo que ya no come a gusto. En serio. Yo al principio pensaba que exageraba, vale, que eran chuminadas de él, tontás, que se dice, pero amigos, con el paso de los años, y analizando bien la situación, he acabado por sentirme identificado. Y no solo te quitan el hambre, no, es que te sumergen en un estado depresivo.
O sea... tú entras en el Comedor un poquito más tarde de lo habitual, en plena ebullición, arreglaíto pero informal, bien afeitaíco, con presencia, magnetismo, integridad, con tu olor a "Guilty" de GUCCI o, aún mejor, "Bleu" de CHANEL. Imponente. Hoy la recepcionista se ha delatado con un comentario absolutamente irrelevante sobre las condiciones climatológicas típicas de la zona. No te equivocas, se ha sonrojado. Fíjate, además, que ya no te pide el número de habitación. Puedes oler sus feromonas desbocadas. Dios, me voy a meter un plato de judías con tomate y bacon y revuelto que ni Conan en ayunas.
Y entonces...
Me cruzo con un tipo que lleva cuatro platos en las manos, y en el antebrazo, haciendo malabarismos, dos vasos. En plan voy trincao en Nochevieja, mira lo que hago con el cubata y la barbilla. Uno de café y otro de zumo. Un plato rebosa repostería. Otro salchichas. Otro está lleno de bacon y otro lleva una selección masiva de embutido.
Y te preguntas, algo aturdido, y con razón... ¿Se va a comer todo eso sin pán?
No, padre, claro que no. Hace otro viaje y vuelve con dos platos más. Uno con 7 bolletes de pan y otro con 5 tostadas. El caso es que finalmente piensas "bueno, debe traer la manduca para que coma toda la família", ¿verdad?, PUES NO, en la mesa le espera la parienta y nadie más, y esta, por cierto, se está untando tímidamente una mini-tostada con una puntita de mantequilla a modo de resopón matinero.
A mí se me quita el hambre. Me da angustia. Me entra un bajón. Me deprimo. Pero es que luego viene la mala leche, porque el ANORMAL (no tiene otro nombre) se deja la mitad de la comida en los platos. No hay estilo alguno, amigos. No hay clase. No hay un saber estar. Miro con tristeza a su mujer, incapaz de corregir al especímen, con un collar-abalorio de mercadillo demasiado histriónico para un desayuno, y pienso en cuando tengan descendencia, pienso en el futuro de España, amigos. Tras la marcha del gachón queda la mesa como una banquete vikingo. PATÉTICO.
Más. Estás esperando en la cola de la paella. Intuyes que cuando te toque quizá te quede "ALGO", suficiente para probarla y tal. Parece ser que está rica y que está teniendo éxito entre los comensales. ¿Me seguís?. Bien, pues no te preocupes, que la maruja de delante ya se encarga de "arrebañar" la paellera para dejarte sin un grano. ¿Por qué? No lo sé. Al volver a Barcelona lo consulté con un prestigioso kiosquero de barrio. No pudimos sacar nada en claro.
- Señora, anda que me ha dejado usted siquiera una cucharaíta pa probar el arroz, eh.
No contesta. Se revuelve en seguida, haciéndose la sueca, resabiada, yo diría que incluso con aire triunfalista, MOURINHISTA, hostie!!!!, con su plato-montaña de paella temperatura ambiente a punto de desmoronarse. Evidentemente, ipso-facto, viene el servicio a reponer y me doy el gustazo de ser el primero en DESVIRGAR el asunto. Calentito.
Este Verano, en la cola de los helados (sírvase usted mismo), tenía dos comensales por delante. Se estaba sirviendo en ese momento la niña maximum size, hermanita del Niño de la Cónsola, vale, y delante de mí había un tipo corriente y moliente. 5 minutos después, tras de mí, ya habían cuatro personas esperando. La niña se facturó DOS CUENCOS multicolores dignos de la mejor heladería de pueblo sin conocimiento alguno. DECENAS DE PELOTAS DE HELADO unas encima de otra desafiando la gravedad. Se cogió una cucharilla y marchó. Hija de puta (con perdón). Bien, el tipo de delante se sirvió como pudo del estropicio dejado por la criatura y yo me serví a continuación, adornando el asunto con unas virutillas de chocolate y un estudiadísimo y coqueto lingotazo de sirope de fresa. ¿Por qué? Porque puedo permitírmelo. Punto y pelota. Luego corto un plátano, lo troceo y me monto un festival de sabores que lo flipas. PERO, como digo, todo muy estudiado. El caso es que... cuando me giro... veo, de nuevo, a la niña maximum size haciendo cola. Con los cuencos vacios.
- Niña, mira una cosa que te iba a decir..., tú no te enfades, eh, pero es que creo yo que no te conviene mucho que abuses de los helados dado tu actual fondo físico y, sobre todo, tu edad. Digo yo, ojo, de buen rollo.
- Vete a la mierda, yo como lo que me sale del coño. Y me llamo Lorena. (esto, con sus dos cuencos entre las manos)
11 años o así, no más. Le hubiera dado un collejón ahí mismo, pero claro... sabes qué pasa, que el padre (fácil de identificar, el de la camiseta del Badalona) rondaba cerca, por lo visto también amante de los malabarismos con los platos en plan MARATÓN DE CAMAREROS, y como no soy persona de altercados lo dejé estar. Además, por otro lado, también me había dejado los nunchakus en la habitación.
To be Continued.
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