miércoles, 24 de julio de 2013
THE MAXILOFACIAL HISTORY. Cap.1.
"Ven en ayunas. Y tráete unas zapatillas". Esas fueron las consignas. Yo, que soy un tío muy previsor, incorporé además en la mochila Nike la PSP con el Castlevania, el Lucky, las Ray-Ban y un puñao de almendras saladas en el bolsillo (por si las moscas). Mal fario, además, cuando te dicen que te lleves las zapatillas. Mal fario. Ojo con esto. No pinta a Box. No, padre, no. Pinta a quirófano. Pero bueno, a ver si con un poco de suerte me equivoco. Son las 09:00h.
- Buenos días, señorita. Tengo hora para las 09:30h.
- Nombre.
- Paco Chumoski, para servirle. Tiene usted unos ojos preciosos. Seguramente ya se lo habrá dicho más de algún facineroso. Mi cumplido es sincero.
- Planta 3ª. Ya puede subir. Le llamarán. ¿Trae las zapatillas?.
- Sí, señorita. De mercadillo, porque las del Barça, producto oficial, las tengo tendidas. Ah, una cosa que le iba a preguntar... ¿aquí no se puede fumar?
- No.
- Muy amable.
Una docena de personas aguardaban su turno en la sala de espera. Ausentes. Pasotas. Serenos. Despreocupados. Mis neuronas, sin embargo, estaban todas en pie de guerra. Y que digo yo, que si me meten en quirófano tendrán que meterme una vía, ¿no? O sea, agujaca por la vena en la parte superior de la mano y cableado Robocop de cuando lo meten en Talleres Palomo para la I.T.V. Maldita sea. No puede ser. Una cosa lleva a la otra. Me veo de nuevo con aquel batín verde y la redecilla en la cabeza. Todo eran hipótesis y conjeturas. Preguntas sin respuesta inmediata. ¿El Tata Martino? ¿Quién coño es ese tío? ¿Y el central? ¿Cuándo lo fichan? 85 lereles la 2ª equipación. Mira que son cabrones. ¿Supermán y Batman en una misma película? Demasiados pectorales y paquetes inflamados para tan poco metraje. Ya veo pases especiales para gaylors. Festival del Orgullo.
- PACO CHUMOSKI!!!!
Pegué un brinco de la silla, con la mochila incorporada, y me cuadré taconeando el suelo con las bambas y saludando al mismo tiempo.
- PRESENTE!!!!
- Descansa, hijo, descansa. Tranquilo. Acompáñame.
- ¿Está usted segura de que no se ha saltado a nadie en la lista y me toca a mí?
- Segura. Tenías hora a las 09:30h., ¿no?
- Oiga, que faltan 2 minutos aún.
- ¿Estás asustado?
- ¿Quién? ¿Yo? (así te piquen las avispas)
Me condujo a la habitación-vestuario y con premura me explicó qué hacer y cómo proceder. Dentro había un abuelete con una chica joven. Esperé que saliera. Nada de anillos, relojes, cosas metálicas. En gallumbos y con el batín y la redecilla, que en esta ocasión, al ser azules, y con hombreras puntiagudas, me convirtieron ipsofacto en un Capitán Marvel carnavalesco. Si en lugar de redecilla me pongo un casco de moto podría pasar por uno de DAFT PUNK. La enfermera me esperaba al salir. Poco agraciada, para ser sincero, no concedía un resquicio para la ternura y los buenos sentimientos.
- Mire usted, señorita, yo acepto hacer el gilipollas de este modo. En serio. Humillarme, además, en estos momentos de tortura psicológica. Como si no tuviera bastante, que llevo media hora con la cabeza de la tortuga asomando por el asterisco, usted mentiende lo que le digo. Lo acepto. Pero la redecilla... por el amor de dios... ¿que no ve usted que estoy rapado? ¿para qué? ¿usted me ve algún piojo?
- Lo siento, es el protocolo. No se ha abrochado bien la parte de la espalda.
- Yo es que cuando salgo a la calle me gustan los vestidos abiertos por detrás, sabe usted. Y si tienen caída, mejor que mejor. Por favor se lo pido. Tengo enemigos. Podrían fotografiarme y colgar la foto en Facebook.
- Protocolo.
- Te invito el Sábado al cine. Eliges tu la película. Menos Mario Casas lo que tú quieras. Y luego te invito a un Pans & Company y lo que surja. ¿Eh? ¿Qué me dices, reina mora? Con patatas fritas y bebida XL.
No solo no cedió, sino que me hizo sentarme en una silla de ruedas. Como los K.L.F., pero sin performance festivalera. En fín, que oye, que hay gente a la que no le gusta el cine, qué le vamos a hacer. Por otro lado tampoco estamos hablando de Miss Enfermera No Llevo Bragas, ojo. Qué va. Lo que pasa es que si hay que venderse al diablo se vende uno y luego se hace reset y aquí paz y después gloria en las alturas.
- Oiga, que puedo ir andando.
- Cállate, perro.
Me condujo por el suelo de linóleo esquivando todo tipo de obstáculos: celadores, enfermeras, doctores, sillas atravesadas, un árbol caído, varios cuerpos inertes y una excursión escolar. Vestido de techno-man en la movida madrileña. Con redecilla sobre las orejas. Virgen del Carmen, dame fuerzas.
TO BE CONTINUED.
martes, 11 de junio de 2013
Diario de... LA PLAYA. (2013)
Lo que más me gusta de la playa:
Mi diario/revista, mi Lucky, los pies en remojo en la orilla, mi cenicero portátil con forma de cucurucho de color rojo que me dio el Ayuntamiento hace eones. Las jamonas que se han tumbado en un área circular próxima a 1,5 - 2 metros. "Hola, guapa, me llamo Paco". "Y yo Aurora, date una vuelta, anda". "Vale, pero luego te invito a un Cola-Jet". "Bueno, ya veremos". Los abueletes haciendo gimnasia con la gorrilla de Talleres Palomo, Supermercado Amparo o Droguería Laurel. Los dias sin viento que mantienen mi toalla del F.C. Barcelona (producto oficial) en perfecto estado de revista en sus cuatro esquinas, bien planchadita sobre la arena. El bar de los chinos (pasando de largo el chirinquito con licencia oficial y sus precios de coña) que me sirve la cerveza de barril con la temperatura adecuada y un mejor precio. La PSP con el CHESSMASTER, que utilizo bajo la sombrilla estampada. Mis Ray-Ban. El sol, visto desde la sombra. Las chavalas en edad de merecer que pasean arriba y abajo por la orilla. También ese momento en el que las mozas se ajustan la braguita del bikini. El top-less, con limitaciones (de edad, principalmente). La arena gorda, que te permite entrar y salir de la playa limpico, sin molestias. Las aguas a la temperatura justa, que me permiten entrar y salir del mar sin incidencias térmicas corporales, sin sobresaltos ni gesticulaciones extras. Que haya pececitos en el agua, preferiblemente vivos. Que no haya rocaje cabrón, al menos en los primeros 20 metros, pues me da palo bañarme con sandalias de plástico de esas de río para no dejarme parte del pie en algún pedrusco sumergido. Mis chanclas con tira de trapo, porque las de plástico me descuarteran el pie y luego me da palo cojear. Mi Quicksilver con bolsillo trasero y en la pernera lateral derecha, para meter las monedillas para la cerveza de los chinos, el tabaco, el mechero y el smartphone. Mi sombrilla, que no sé si ya la he mentado, pero desde luego sin ella se va a poner al cascoporro quién te dije. El latero que te salva la vida con una Estrella Damm porque el chino está cerrado (raro, raro, raro). La tranquilidad. El sosiego. La paz.
Lo que menos me gusta de la playa:
Las cremas protectoras. Luego el Lucky sabe a Nivea. Los aceites corporales bronceado ultraintensivo. Más de lo mismo. Y encima parezco un moro falso como esos que salen en los catálogos de Carnaval con esos disfraces lamentables hechos con cuatro retales y dos costuras en poses no menos lamentables. Deben de pagarles bastante pasta. A mí desde luego no me pillas. El mechero se resbala. La PSP también. Todo se resbala, maldita sea. La cerveza, la oliva, el cambio que te devuelve la china... ¿Pero quién coño ha inventado los aceites estos?. Malditos cabrones Coppertone. La sal. Me molesta sobremanera ponerme la camiseta cuando llega la hora de partir y que se me quede a medias en la espalda porque no baja para abajo por culpa de la sal en la espalda y los brazos. Se atranca. No baja. Y luego, una vez puesta, se queda como acartonada. The Cartón Effect, que lo llamo. Quedarme sin tabaco. Que en lugar de unas jamonas se me coloquen en un área circular próxima de 1,5 - 2 metros (incluso menos a veces) un grupo de gilipollas con un altavoz de iPad rezumando guitarritas bachateras, reggaeton marginal o rumbas ochenteras de cuando El Vaquilla era furriel. Claro, no les digas nada que son más que tú. Te hinchan. Puedes salvarte algo si justo antes te has puesto Coppertone Ultra Mega Solar Radiation Así Revientes. Les costará más engancharte. Pero bueno, evitemos la violencia. Es cuestión de (poco) tiempo que acaben preñándose unos a otras y echando su vida por el retrete. Los niños que llenan de arena mi perfecta toalla. Bueno, no pasa nada. Son criaturas. No voy a parecer un ogro, joder. Los niños que vuelven a joderme la toalla con sus carreritas. La cara de gilipollas de la madre, del padre, de la abuela, del abuelo... incapaces de reprender a la criaturita. "Iker!!!" (coño, por fín...) "Toma el bocadillo lomo empanao!!!" Las chinas que quieren darme masajes. No, gracias. Otra china. No, gracias. Otra más. "¿Final Feliz?". Que no, coño. Vas a tocarme con esos dientes, joder. "No, con mano". La señora que, junto con los 12 miembros de su família, logra acampar en 50 centímetros de anchura entre mi toalla y la siguiente. Dios mío, ¿qué te hecho? ¿en qué te he fallado?. Los efebos que se pasean por la orilla en plan Mich Buchanan. Estéticamente me joden el paisaje. No por defectuosos, que se ven muy apañaos, eh, pregúntales a sus madres si no, sino por el estilo, la pose, la gesticulación, las caras de gilipollas esas de "tengo el palo de un Frigo Pié metido en el recto". Me fatigan. Luego también el exceso de abuelas haciendo top-less. Están en su derecho, pero coño... a ver... o sea, una cosa equilibrada, ¿no?. Una yaya. Una jamona. Otra jamona. Otra hermosota. Otra... bueno, otra. Y la yaya. Porque cuando hay un porcentaje demasiado elevado de yayas me da palo acercarme a la orilla. Y como en la playa no hay trampolín para meterte en el agua salvando las aguas "cálidas"de la orilla gracias a un estilizado salto del ángel (soy especilista), justo donde están las abuelas, pues a veces acabo por no remojarme. Lo paso fatal. Los zurullos flotantes tampoco son santo de mi devoción. No me inspiran. Los anormales con pelos en los huevos que dejan la toalla de cualquier manera y se lían a correr entre toallas llenándolo todo de arena camino del agua donde se tiran de cabeza y se encuernan vivos contra el lecho marino de cálida temperatura. Luego se levantan como si nada. "Eh!! Eh!!! Meteos que está buenísima!!! JAJAJAJA!!!" El sufrimiento va por dentro, evidentemente. Se han clavao contra el suelo, o contra una roca pensando que había hondura. Hay que ser gilipollas con lo grandecito que eres. Las medusas tampoco me molan mucho. Yo es que soy más de carne. Cordero, Ternera, Buey. No en ese orden por obligación. Luego también no asimilo muy bien la arena fina. Te metes en la ducha antes de irte. Te abres el bañador. La picha y los cojones igual que el bocadillo del Iker. La picha concretamente como un stick de esos de queso que te dan en el Kentucky Friend Chicken. Todo empanao. Rollo tempura, nen. Y ahí a conciencia te das agua y agua y agua y parece que ya. Y te vas para el coche. Y te sientas. Y no. Aún hay rebozado. En los sobacos. En las ingles. Entre los dedos de los pies. Con los 62 grados que hay en el interior del coche que le ha estado dando todo el soletón durante 6 horas seguidas. Pones el aire, el climatizador. Esos minutos se hacen eternos. La tempura rozando. Dios mío de mi vida porqué tengo que pasar por esto.
Total, que valorando las cosas buenas y malas al final la balanza se decanta por PLAYA SÍ.
Solo falta ACERTAR con la playa, claro.
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